Otra vez me encuentro ante una decisión difícil, dura y trascendente como pocas antes. Decisiones de trabajo, elegir una hipoteca, cambiar de banco, dónde quedar con un amigo que hace años que no veo, qué novela o qué serie comenzar a leer o ver... son todas ellas disyuntivas banales si las comparamos con las decisiones que se me plantean gracias al maldito cosmos generado por el tema tecnológico.
Lo de empezar en Facebook no cuenta como trauma, porque comencé desde hace mogollón de tiempo, creo que antes de que el puto Zuckerberg desarrollara la idea, yo ya tenía una cuenta.
Twitter

La primera decisión realmente dura fue la de abrirme una cuenta en Twitter. Un colega, que casi tiene que ir a una clínica de desintoxicación para dejar de pensar en 166 caracteres me dijo: "te va a encantar, es para gente como tú: lúcida, rápida de pensamiento, humor, ideas cortas, síntesis y contenido: ¡zas!". A todos nos gustan que nos adulen, al menos un poco de vez en cuando, así que me registré. Pues no me ha enganchado nada. Me parece una pérdida de tiempo peor que Facebook. En esta, al menos puedes ver las fotos de tías en la playa. Pero en Twitter solamente he localizado cuatro tipos de perfil, aparte de los tweetstars y las promos de los community manager. Digamos que, dentro de los usuarios de a pie, están:
a) cultureta enrollado. Encima en línea poppy piruleta, me da náuseas
b) superfriki que busca la frase más ingeniosa de la década
c) activista político disfrazado de persona normal
d) idiotas que preguntan "¿qué tal va ese martes?" a una nebulosa de millones de personas
Pues a lo mejor es envidia, ya que apenas supero los 70 seguidores, pero lo cierto es que he comprobado que entre la gente normal, la cantidad de seguidores es directamente proporcional a los tuits emitidos, más o menos en un 5 por 1. Cada cinco tuits, un seguidor. Y cada cien seguidores... ¿un excremento de pájaro azul? La verdad, no le veo el sentido, es como la gente que cree que coleccionar amigos de Facebook es como rellenar un album de panini infinito. Twitter es a la información como un merengue a la dieta.
El smartphone

La segunda decisión realmente chunga a la que me enfrenté en esta reciente era cibernética, fue la de pillarme un smartphone, con conexión a internet 24 horas. Creo que gano tiempo y salud mental si me insertan directamente una tarjeta de memoria miniSD en la parte del cerebro que no utilizo -dice el mito que un 90%- y así al menos, mi dedo meñique tardará más en atrofiarse.
El caso es que me pillé un HTC de gama baja, y fue un verdadero acierto. Las razones son varias:
a) ahorro dinero gracias al WhatsApp
b) puedo jugar al Apalabrados. Por cierto mi usuario es: Noiserfan
c) puedo ver las fotos de facebook de tías en la playa en cualquier sitio. Incluso en el baño
Ahora soy un fan de Android a muerte. Bueno, la verdad es que únicamente utilizo el móvil de manera habitual -léase "enfermiza"- en los supuestos a) y b), pero mi vida ha mejorado notablemente. Leo menos, cierto, pero gracias al Scrabble virtual aprendo palabras nuevas que no emplearé en mi puta vida, ya que muchas son términos en desuso de jergas rurales panameñas u honduerñas -no tengo nada en contra de sus vocabularios, conste-, y vivo obsesionado por encajar una Z en una casilla verde unas 10 veces a la semana. Actualmente llevo siete partidas en liza. Anda, mira, liza, esa en una triple con triple Z sería una buena jugada... Lo dicho, obsesión.
La biografía de Facebook

Pues cuando todavía estoy asimilando que no debo usar el FourSquare de manera visceral para que el grupo balcánico de excombatientes de élite, que se ha hecho amigo mío en Facebook haciéndose pasar por una veinteañera sensual de piel tostada fotografiada con una playa de Brasil de fondo -¡perfiles falsos, esa lacra!- no entre en mi casa a robarme el ordenador -mi bien más preciado, qué triste que sea un notebook del 2006- en mi ausencia mientras veo una mierda de comedia romántica francesa subtitulada como el culo en el cine, me llega Facebook con la jodida Biografía.
Si no me he enterado mal la cosa va así: a partir de ya, de manera obligatoria, voy a tener que adherirme a la secta de los perfiles con biografía en Facebook. Lo cierto es que hasta ahora había sido un defensor de esta red social y de su manera descarada de robar nuestra intimidad, nuestro material gráfico más cool, o conocer desde cual es nuestra ideología política hasta cuáles son nuestros grupos de música, para de esa forma poder ofrecernos publicidad cruzada de destinos turísticos o entradas de conciertos. Si eres de Izquierda Unida pero escuchas a Enrique Iglesias, lo normal es que te salten banners de ofertas a Lanzarote. Sirva como ejemplo.
De hecho, vivimos en una sociedad en la qua ya hemos vendido nuestra identidad a la red social, teniendo en cuenta que la mayoría de la juventud es laica y la red social llega a cualquier lugar y es capaz de movilizar a masas enteras, la similitud con "vender el alma al diablo" es evidente.
Así que, aquí me hallo, decidiendo qué foto colocar de fondo en mi nuevo perfil-biografía-mural de Facebook, para que mi derecho a la intimidad se vea vulnerado de la manera más cool, elegante, profesional y simpática posible.
Si lo sé, elijo la pastilla azul... ¿o era la roja? Espera que lo miro en un momento en mi HTC Wildfire... :)
----------------------------------------------------