La Coctelera

Brisa artificial

Levantó el verano y debajo encontró un ventilador.

Sus aspas no giraban porque el motor estaba roto, pero lo rescató de todos modos. Por las tardes se dedicaba a empujar las aspas con la mano y, si lo hacía con mucha fuerza, sentía una leve brisa. 

Entonces cerraba los ojos, levantaba el rostro y viajaba a un punto de la costa, donde el viento fresco se esconde de los grados implacables y amontonados.

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El aguador y el cántaro (esas pequeñas fisuras del optimismo)

Hay días que uno se siente más bajo de ánimo. Quizá porque la noche anterior le costó conciliar el sueño por diversos motivos: el calor, recuerdos que luchan por convertirse en formas del presente, los múltiples quehaceres y cuentas pendientes que cada uno tiene con sus labores y consigo mismo respectivamente... A veces uno se siente como si una pequeña fractura de su cuerpo estuviera dejando salir parte de su energía positiva... Todos pasamos por esos días, porque todos tenemos un pasado, unas aspiraciones, una serie de dudas sobre haber hecho lo correcto, sobre qué habría pasado si...

Cada vez que me encuentro en esta situación, que extrañamente suele tener solución sencilla y práctica, recuerdo una fábula que viene a transmitir que cada uno tiene su cometido en la vida, y que incluso de las malas experiencias, de las peores rachas, se puede extraer un significado positivo ante la vida. Espero que os guste. Lo transcribo de memoria, quizá no es exacto:

 

Un aguador transportaba en un palo que apoyaba sobre su cuello dos cántaros, cada uno colgaba de un extremo del palo.  Todos los días le llevaba agua a su patrón, y siempre recorría el mismo camino. Resulta que uno de los recipientes tenía una pequeña grieta y perdía por ella la mitad de su agua, mientras el otro estaba perfecto y siempre llegaba rebosante del líquido.  Esto pasó durante más de tres años, y aunque el patrón no se quejaba de que le llevaran menos agua en una de las ánforas,  y tampoco el aguador se lamentaba por el malestar físico que le causaba la descompensación, el cántaro roto habló al aguador:

-Lamento no poder hacer bien mi trabajo, aguador. Estoy avergonzado.

-¿Por qué te avergüenzas? -respondió el humano.

-Porque mientras mi hermano lleva siempre todo el agua a la meta, yo sólo puedo llevar la mitad. Eso hace que tú sufras físicamente y, a la larga, quizá el patrón quiera pagarte menos. Por mi culpa no obtenemos todo el beneficio del esfuerzo...

El hombre le respondió, comprensivo.
-Mira, mañana, cuando salgamos de nuevo hacia la casa del patrón quiero que te fijes en las cunetas de ambos caminos, verás como te sientes mejor.

A la mañana siguiente, el cántaro observó que en la cuneta de su lado del camino había unas hermosas flores.  Sin embargo, aunque esto le hizo más feliz durante un tiempo, cuando  llegó al destino con la mitad de la carga se sintió triste de nuevo:
-Son bonitas las flores, pero sigo avergonzado. 

El hombre le respondió:
- No has comprendido. Solamente hay flores en tu lado del camino, no en el contrario por donde pasa el cántaro lleno. Yo siempre supe que perdías agua, lógicamente, y pude arreglarte, pero preferí sacar provecho de ello. Cuando te rompiste planté semillas en el camino y día a día, tú las has ido regando.  Durante todos estos años he disfrutado del paisaje y ha sido gracias a ti. Además he ido recogiendo las flores cada día y ahora decoran mi casa. Sin ti, todo eso no habría sido posible, mi trabajo sería más árido y mi casa más mustia.

Imagen: El aguador de Sevilla de Velázquez

 

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Encuentro con Juan José Millás en el metro

Acabo de coincidir en un vagón del metro con Juan José Millás. Es un escritor, aunque os suene a queso de untar. Hemos cruzado las miradas. Sí, ya sé que no es un hecho especialmente significativo. Sin embargo, os contaré que hace cosa de un mes estoy leyendo algunas de sus obras, empecé por "El desorden de tu nombre", después "La soledad era esto" y ahora estoy con "Los objetos nos llaman" (la verdad es que me está defraudando...). Ya, tampoco es significativo, de acuerdo. Pero y si os digo que poco después de empezar el primero de esos libros le escuché decir en la radio que muchas de las historias que escribe se le ocurren en el metro la cosa cambia. Yo iba leyendo un número antiguo de la revista Letras Libres y quizá eso es lo que le ha llamado la atención, porque yo portaba una indumentaria poco acorde con el arquetípico lector de revistas culturales.

Yo no sé si el hecho de haber cruzado las miradas será motivo suficiente para que escriba una columna sobre mi persona como icono global del "neomacarra literario". Como esto es considerablemente improbable, y dado que la anécdota ha suscitado en mí una infranqueable necesidad de transcribir el encuentro visual literariamente he sacado mi libreta y me he puesto a escribir esto a trazo rápido. Dos paradas después se ha levantado, ha pasado junto a mi asiento, he levantado la vista y le he visto mirar de soslayo mi libreta, por supuesto ha erguido el rostro y se ha hecho el desinteresado. Sé que buscaba robarme la idea... he puesto una mano encima, por si acaso. Creo que se ha quedado con ganas de decirme algo, pero me imagino le habrá dado vergüenza.

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Elementos sin fuego

Me atacó el agua
derribando el alto castillo
que hice durante toda mi vida
sólo he hecho un castillo de arena
_______
dejé que el aire se llevara mis sombreros
y rompiera las ventanas con violencia
no hice nada para evitarlo
sólo un castillo de arena
______
la espuma borró mis huellas
de la gran pizarra marrón de la playa,
me quedé solo y ya no era mi mundo el que pisaba
eran escaleras de conchas y ventanas de arena pálida
________
dejé mi alma en el agua
para que la corriente la llevara
dejé mi vida atada en la torre más alta

 

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Breviario // 5. Renovar el vestuario

Primero pensé en cambiar el vestuario. "Aprovecharé la paga extra para ir a las tiendas a comprar la misma camiseta de letras veraniegas fucsias y verde lima que comprarán mañana otras 3.267 personas en todo el mundo", me dije. "Además también compraré unas zapatillas de 70 euros que sólo lucieremos 525 atrevidos mileuristas; y los piratas con rayas cruzadas que partirán la pana este agosto, no sólo la pana, sino también el nylon, el lino y el tejido vaquero",  añadí mientras retozaba en la cama sin querer mirar la hora ni decidirme a levantarme. "De gorras estoy servido", continué. Las colecciono.

En lugar de eso, lo que he hecho ha sido pintar el armario e intercambiar su sitio en la habitación por el de la estantería. Ahora me visto de Hesse, de Aldecoa y de Baroja. Entre semana, por la noches leo las etiquetas de mis decenas de prendas usadas hasta que me puede el sueño.

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Breviario // 4. Música y tinta

A veces escucho música mientras hago el resto de cosas. Como ahora, por ejemplo, mientras escribo, y parece que ella me dicta secretamente, si no las palabras, sí el estilo, el ánimo, la elección de la esdrújula mal elegida. Un redoble de batería certero de Krupa, un sólo alocado de Miles, o una cuerda armoniosa de Hendrix son el esqueleto de mis letras.

El motor de mis ideas, el latido de mi puño. Y me siento tan cerca del arte... me transporta hasta un lugar dónde incluso llego a sentirme artista. Resulta absurdo cómo mis palabras pueden nacer gracias a los dedos anónimos de otros. Muertos condenados feliz y eternamente a golpear, pulsar y deslizar los dedos sobre el metal y otros materiales tan inertes como ellos mismos.

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Breviario // 3. Cúmulo de despropósitos

3.1 Como  la catástrofe económica ha despojado a decenas de personas a la calle (seca a veces y húmeda otras)  esta mañana, conmovido, he repartido mi ingenio entre varios indigentes que podrían tener la edad de mi padre  
3.2. Mi sentido del humor  (últimamente de poco me sirve) lo he dejado dentro de una bolsa en la puerta de una iglesia, asomando un poco para que se viera que no era una bomba de gripe A.  
3.3. He entrado a una de esas nuevas casas de apuestas con fotografías de gentes sonrientes en la fachada y me he jugado mi ilusión a un caballo que había quedado último en todas las carreras de la temporada. Se ha roto la pata.
3.4.  He convertido mis piropos oxidados en volátiles acciones de bolsa.

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Ahora me toca empezar a ahorrar de nuevo esperanzas, día a día; conocer personas ricas de espíritu que regeneren mis arcas anímicas; invertir mi tiempo libre en lecturas valiosas y útiles; empeñar mis lágrimas en el mercado negro de las mañanas felices. Arduo trabajo. Dicen que la estabilidad llega hacia el 2011... Al menos conservo trabajo, amigos y techo.

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Breviario // 2. El fresal

Hace unos quince días planté un fresal en mi balcón. Miré por Internet la forma óptima de cuidarlo. Las hojas están verdes y hermosas como los pensamientos de un adolescente, y una pequeña fresa ha empezado a aparecer, al menos un puntito rojo, como una lengua asomando por la comisura de los labios. Quisiera que ese fruto tuviera forma de corazón... pero sé que pido demasiado. Esa fresa no tendrá forma. Será el principio de una nueva generación de dulces y rojos días amorfos.

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