La Coctelera

Categoría: Siglo XXI

Dentro del arte

Vivía dentro del arte, de su composición, de su inspiración, de su tiempo bien invertido.

Al morir tenía los bolsillos vacíos, los cajones vacíos, las cuentas bancarias en rojo.

Pero alrededor de su cuerpo todo brillaba, con un reflejo y una fuerza como nunca antes se vio.

Para todos los que creen en su arte, aunque este no se traduzca en dinero.

 

 

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Biografía de Facebook. ¡La tiranía de las redes sociales continúa!

Otra vez me encuentro ante una decisión difícil, dura y trascendente como pocas antes. Decisiones de trabajo, elegir una hipoteca, cambiar de banco, dónde quedar con un amigo que hace años que no veo, qué novela o qué serie comenzar a leer o ver... son todas ellas disyuntivas banales si las comparamos con las decisiones que se me plantean gracias al maldito cosmos generado por el tema tecnológico.

Lo de empezar en Facebook no cuenta como trauma, porque comencé desde hace mogollón de tiempo, creo que antes de que el puto Zuckerberg desarrollara la idea, yo ya tenía una cuenta.

Twitter

La primera decisión realmente dura fue la de abrirme una cuenta en Twitter. Un colega, que casi tiene que ir a una clínica de desintoxicación para dejar de pensar en 166 caracteres me dijo: "te va a encantar, es para gente como tú: lúcida, rápida de pensamiento, humor, ideas cortas, síntesis y contenido: ¡zas!". A todos nos gustan que nos adulen, al menos un poco de vez en cuando, así que me registré. Pues no me ha enganchado nada. Me parece una pérdida de tiempo peor que Facebook. En esta, al menos puedes ver las fotos de tías en la playa. Pero en Twitter solamente he localizado cuatro tipos de perfil, aparte de los tweetstars y las promos de los community manager. Digamos que, dentro de los usuarios de a pie, están:

a) cultureta enrollado. Encima en línea poppy piruleta, me da náuseas
b) superfriki que busca la frase más ingeniosa de la década 
c) activista político disfrazado de persona normal
d) idiotas que preguntan "¿qué tal va ese martes?" a una nebulosa de millones de personas

Pues a lo mejor es envidia, ya que apenas supero los 70 seguidores, pero lo cierto es que he comprobado que entre la gente normal, la cantidad de seguidores es directamente proporcional a los tuits emitidos, más o menos en un 5 por 1. Cada cinco tuits, un seguidor. Y cada cien seguidores... ¿un excremento de pájaro azul? La verdad, no le veo el sentido, es como la gente que cree que coleccionar amigos de Facebook es como rellenar un album de panini infinito. Twitter es a la información como un merengue a la dieta.

El smartphone

La segunda decisión realmente chunga a la que me enfrenté en esta reciente era cibernética, fue la de pillarme un smartphone, con conexión a internet 24 horas. Creo que gano tiempo y salud mental si me insertan directamente una tarjeta de memoria miniSD en la parte del cerebro que no utilizo -dice el mito que un 90%- y así al menos, mi dedo meñique tardará más en atrofiarse.

El caso es que me pillé un HTC de gama baja, y fue un verdadero acierto. Las  razones son varias: 
a) ahorro dinero gracias al WhatsApp
b) puedo jugar al Apalabrados. Por cierto mi usuario es: Noiserfan
c) puedo ver las fotos de facebook de tías en la playa en cualquier sitio. Incluso en el baño

Ahora soy un fan de Android a muerte. Bueno, la verdad es que únicamente utilizo el móvil de manera habitual -léase "enfermiza"- en los supuestos a) y b), pero mi vida ha mejorado notablemente. Leo menos, cierto, pero gracias al Scrabble virtual aprendo palabras nuevas que no emplearé en mi puta vida, ya que muchas son términos en desuso de jergas rurales panameñas u honduerñas -no tengo nada en contra de sus vocabularios, conste-, y vivo obsesionado por encajar una Z en una casilla verde unas 10 veces a la semana. Actualmente llevo siete partidas en liza. Anda, mira, liza, esa en una triple con triple Z sería una buena jugada... Lo dicho, obsesión.

La biografía de Facebook

Pues cuando todavía estoy asimilando que no debo usar el FourSquare de manera visceral para que el grupo  balcánico de excombatientes de élite, que se ha hecho amigo mío en Facebook haciéndose pasar por una veinteañera sensual de piel tostada fotografiada con una playa de Brasil de fondo -¡perfiles falsos, esa lacra!- no entre en mi casa a robarme el ordenador -mi bien más preciado, qué triste que sea un notebook del 2006- en mi ausencia mientras veo una mierda de comedia romántica francesa subtitulada como el culo en el cine, me llega Facebook con la jodida Biografía.

Si no me he enterado mal la cosa va así: a partir de ya, de manera obligatoria, voy a tener que adherirme a la secta de los perfiles con biografía en Facebook. Lo cierto es que hasta ahora había sido un defensor de esta red social y de su manera descarada de robar nuestra intimidad, nuestro material gráfico más cool, o conocer desde cual es nuestra ideología política hasta cuáles son nuestros grupos de música, para de esa forma poder ofrecernos publicidad cruzada de destinos turísticos o entradas de conciertos. Si eres de Izquierda Unida pero escuchas a Enrique Iglesias, lo normal es que te salten banners de ofertas a Lanzarote. Sirva como ejemplo.

De hecho, vivimos en una sociedad en la qua ya hemos vendido nuestra identidad a la red social, teniendo en cuenta que la mayoría de la juventud es laica y la red social llega a cualquier lugar y es capaz de movilizar a masas enteras, la similitud con "vender el alma al diablo" es evidente.

Así que, aquí me hallo, decidiendo qué foto colocar de fondo en mi nuevo perfil-biografía-mural de Facebook, para que mi derecho a la intimidad se vea vulnerado de la manera más cool, elegante, profesional y simpática posible.

Si lo sé, elijo la pastilla azul... ¿o era la roja? Espera que lo miro en un momento en mi HTC Wildfire... :)

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Zarkana, de El Circo del Sol ¡¡Un sueño hecho realidad!!

Si miras el precio de las entradas es probable que resoples, incluso que te eches las manos a la cabeza y la agites de izquierda a derecha un par de veces lentamente. Error. Estás a punto de perderte uno de los momentos más maravillosos que probablemente vayas a poder vivir jamás. Zarkana, el espectáculo del Circo del Sol , que vi anoche en Madrid Arena ha sido una de las inversiones más rentables de mi vida. Y no me tiembla ni una falange al escribirlo (especialmente porque fue el regalo de cumpleaños de mi pareja :)

El nuevo espectáculo de la empresa canadiense, con sede en Quebec, creada por los exartistas callejeros Guy Laliberté y Daniel Gauthier hace casi tres décadas, es una combinación de las más hermosas artes. Con destreza y una elegancia difícil de imaginar, Zarkana abarca: teatro, música en directo que asemeja la sesión en muchos instantes a un musical de ópera rock, danza, humor, artes audiovisuales y los efectos especiales en una gran pantalla que cubre todo el escenario, compuesta por 118 paneles. Esto último, pese a que pueda inducir a pensar que resta magia al concepto tradicional de circo, ayuda a conseguir una atmósfera irreal que abarca todo el concepto y convierte el resultado en una dimensión que absorbe por completo al espectador. También el vestuario de los 75 artistas es impresionante. Siempre envuelto en un trasfondo oníricio que aporta mayor seducción y encanto, está inspirado en las carpas de circo de los años 30.

En algunos números la cantidad de artistas, acróbatas y personajes es tal que es imposible poder contemplar toda la puesta en escena y la acción de cada profesional. Esto, lejos de ser caótico, transmite armonía en la gracilidad de cada gesto, y en una sincronización a veces quebrada para evitar la previsibilidad. En otros números, como el que fue más aplaudido, un único bailarín vestido de blanco, iluminado por un gran foco y flanqueado por dos pianos de cola de los que procede una hermosa y veloz composición, interpreta un solo de danza contemporánea que hizo el silencio en el recinto, y levantó murmullos de admiración.

En cuanto al resto de puestas en escena (yo conté una veintena más o menos), muestra todo aquello que siempre hemos visto o esperado ver en el circo: acróbatas, funambulistas, trapecistas, malabaristas, payasos... pero siempre con un plus de dificultad, de gracia, de querer ir más allá de lo previsible, y siempre rodeado de un ostentoso escenario en constante transformación que, a menudo sin que te des cuenta y aprovechando que tienes toda la atención puesta en el número, cambia de naturaleza y de registro para coger una nueva exhibición en su escenario de 25 metros de largo y capaz de soportar 50.000 kilogramos.

En cuanto a la historia, la verdad es que no me quedó clara. Supuestamente el mago Zark, que parte en busca de su amor perdido a través de varios mundos, hasta que felizmente da con ella. Las canciones están escritas en ruso, y la cantidad de referencias visuales es tal, que a menudo te olvidas de prestar atención para descubrir los elementos que puedan dar coherencia al hilo narrativo. Pero, sinceramente, esto queda en un muy relegado segundo lugar.

Lo que hay ante tus ojos durante las casi dos horas que dura Zarkana es algo que jamás olvidarás. Hay una lista de experiencias que uno tiene que cumplir antes de dejar esta vida, y yo sé que una de ellas la cumplí anoche.

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Carta urgente certificada

-¿Sí? -pregunté sin tratar de esconder mi asombro y curiosidad.
-Correo urgente certificado -contestó un varón al otro lado.

Al abrir pensé en la mala imagen que muestra aparecer ante alguien envuelto en una bata, con las espinillas al descubierto, los calcentines subidos hasta los gemelos y el pelo desaliñado, como si hubiese pernoctado una familia de aves sobre tu cabeza. No ayudaba haber llegado la noche anterior a casa a las cinco o las seis de la madrugada, completamente borracho, y que apenas hubieran pasado un par de horas desde que me acosté cuando el sonido del timbre se me clavó, a la cuarta, en la sien. El tipo vestía completamente de naranja, casi tuve que taparme los ojos al verlo.

-Hola, ¿el señor Jaime Suviant?
-Hola. Sí, soy yo.
-¿Podría mostrarme su DNI por favor?
-¿Es necesario?
-Sí, señor.
-Bueno, espere un momento -dije, después de rebufar sonoramente y abrir los ojos en un intento de recordar dónde tenía mi cartera.

Bolsillo superior izquierdo de la chaqueta: vacío.
Bolsillo interior de la chaqueta: vacío.
Bolsillo delantero izquierdo de la chaqueta: mechero de publicidad gastado
Bolsillo delantero derechode la chaqueta: Vacío.
En los pantalones sólo encontré el móvil y algo de dinero suelto. Eché un vistazo por la habitación, sin demasiada esperanza de hallar el trozo de cuero mientras el frío insistía en subir y bajar por entre mis piernas, aprovechando las corrientes que atravesaban mi bata. Me preocupó no encontrar la cartera, pero no me encontraba con fuerza ni humor para esa tarea, así que intenté solucionar el problema directamente.

-Mire, no encuentro la cartera ahora mismo... ¿no vale con que le diga mi número de DNI?
-No señor, insistieron mucho en que comprobara que lo entregaba al señor Suviant y yo no tengo su número aquí, si usted me diera otro no podría comprobar que es usted hasta que llegue a la oficina a mediodía. Para entonces ya sería demasiado tarde y podría haber leído la carta.
-Pero en el buzón pone mi nombre y esta es mi casa, creo que no puede haber mucha posibilidad de error. Mire -cogí una carta abierta que había en la encimera de la entrada-, estas cartas son mías, las abrí yo mismo. ¿Ve? Es mi nombre.
-Lo siento... puedo volver más tarde si quiere... -el desdén del re-par-ti-dor-de-co-rre-o me sacó de mis casillas, y más cuando vi que se giraba un poco a la izquierda haciendo un claro ademán de darse la vuelta e irse, haciéndose el ocupado con esa mirada al vacío-...Pero no puedo entregarle la carta.

-Mire, pues mejor ya no vuelva hoy...-le dije, echándome hacia atrás y sujetando la puerta, amenazante.
-Pero es urgente, señor y mañana es día festivo... no hay correo...-dijo el tipo volviendo a mirar directamente a mis ojos.
-Tengo el carné de identidad y el de conducir en la cartera, y no tengo otro documento en el que aparezca mi número, creo que no pasa nada si me da la carta y yo firmo el papel -le dije, alzando un poco la voz y dando un paso al frente, enfadado con mi resaca en general y con el tipejo de naranja en particular.
-¿No tiene el pasaporte?- dijo, con una media sonrisa.
-Pues no, no lo tengo -dije, con resignación, más calmado, pensando que el re-par-te-cartas-ur-gen-tes condescendía.
-Lo siento, volveré más tarde -puntualizó, girándose por completo.
-Oiga... -le dije acercándome a él por la espalda, atravesando el umbral de la puerta de mi casa.
-¿Si? -contestó el repartidor de correo que parecía un repartidor de refrescos.
-Verá...- dije, mirándole a la cara. Y, de repente, con un gesto felino de depredador hambriento que no sé de dónde salió, lancé mi mano hacia el sobre y se lo arrebaté de las manos sin darle tiempo a reaccionar.

Al darme la vuelta, mientras el tipo balbuceaba algo, el vértigo se apoderó de mí: el aire que antes jugueteaba por mis ingles empujaba la puerta. Llegué tarde, y me quedé empuñando el pomo con la mano derecha y alzando la carta con la mano izquierda. Me giré y el tipo me dijo con claro gesto de estar disfrutando con la situación:
-Bueno, usted me dirá lo que hacemos...

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Breve guía para amar la música

 

1.-Tener música. El formato no es importante.

2. -Tener al menos una oreja con el sistema auditivo habilitado para escuchar (asegurarse de que se encuentra en estado ON).

3.-Tener un cerebro hábil y adecuado para decodificar.

4.- Tener corazón para todo lo demás.

5. -Los ojos pueden estar abiertos o cerrados, según el parecer del usuario.

6. -Importante: no olvidar respirar en todo momento.

 

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Mi ordenador está de huelga

He venido a trabajar, a pesar de la convocatoria de huelga general. Algunos estarán de acuerdo y otros no, a estos últimos les pido que se tranquilicen porque apenas he podido ejercer libremente mi derecho a trabajar.

Las arrobas han sido las que lo han liado todo. Porque es que cuando se les pone algo en la cabeza se les va la castaña y se ponen a protestar como locas. Ellas han oído algo de una reforma de los humanos y una se ha puesto a protestar, y otra y otra, y así miles de arrobas protestando contra todo sin saber exactamente contra qué. El caso es protestar, protestar, protestar... Y es que no atienden a conversaciones, ni a llamadas a la calma ni a nada. Y claro, las arrobas han conseguido arrastrar al paro a los archivos adjuntos (que son bastante flojeras, todo hay que decirlo) y a los correos no deseados (que, claro, en cuanto notan que alguien les presta atención, pues se dejan llevar). Así que ahora mismo hay asambleas generales en las bandejas de entrada y los documentos .doc y los .pdf -los más revolucionarios porque son los que más curran- se han implicado tanto que llevan toda la mañan quemando los ficheros comprimidos de los programas. Estos, los pobres, claro, se han acojonado y se están descomprimiendo a toda prisa como si no existiera el mañana. Lo de las cookies también ha sido destacable, porque han llenado de pegatinas todos los comandos ctrl+alt+supr y ctrl+z, así que cualquier error que cometa, no lo puedo corregir.

He ido a tomarme un café y he reiniciando el equipo, pero al volver, mi maravilloso fondo de pantalla con un paisaje nórdico blanco impoluto ha dado paso a un mensaje de protesta contra el capitalismo informático. Letras grandes y rojas que gritan

 

¡¡¡ K€ NO NOS D@ LA G@N@ D€ CURR@R COPÓN !!!

Los iconos están cerrando impresoras, los archivos temporales se han ido al campo a comer tortilla de patata y los muñecos del messenger no han aparecido por el escritorio en toda la mañana. Creo que están con el zorro de Mozilla, el Sonic y el pájaro del Twitter manifestándose en Puerto del USB (que es como la Puerta del Sol nuestra).

Así que aquí estoy, de brazos cruzados. No puedo hacer nada más, ni siquiera puedo asegurar que estas letras no se vayan a declarar en paro en el camino hacia el blog, y salga aquí un mensaje subversivo, hiriente y altamente revelador. 

 

 

 

 

 

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De 'Los Soprano' a 'Mad Men' ¿me estoy enganchando a las series?

Vayan por delante dos aspectos: 1) Que no he visto ni sólo capítulo de Lost, y que la simple idea de planteármelo me da una pereza inenarrable. 2) No voy a destriparle el final de ninguna serie al lector.

Lo cierto es que nunca he sido un apasionado de las series. Vamos que me tragaba capítulos de Sensación de vivir y de Melrose Place porque las veía mi hermana y porque mi creciente sexualidad se sentía satisfecha a pesar de la nada sexy indumentaria de primeros de los 90. El caso es que aquellas Amanda Woodward (que ahora tiene casi 50 años O.ô ), Kelly Kapowsky y compañía eran lo más de lo más para mi floreciente mentalidad mononeuronal. En fin, a lo que iba, que no me enganché a Twin Peaks, ni a Expediente X, ni a Prison Breaks, ni a Anatomía de Grey, ni a House, y mucho menos para qué hablar de otras como Los Serrano, Física y Química, Sin tetas no hay paraíso, Los hombres del Paco y todo eso... Aunque para ser plenamente sincero admitiré que me tragué la primera temporada de Aquí no hay quien viva. La excepción que confirma la regla, hasta...

... Los Soprano.

Recomendada y requete-recomendada por amigos cinéfilos, freakes enganchados a media docena de series simultáneamente (no es una exageración) y gente de a pie que baja religiosamente a comprar su barra de pan perfectamente ataviada con su camiseta de Al Pacino disparando poseso en 'El precio del poder', finalmente accedí a comenzarla. La conexión que la creación de HBO tuvo en mi inexperto cerebro, en cuanto al formato serie se refiere, fue inmediato. Me enganchó de tal modo que pasé varios domingos viendo capítulos incluso comiendo en la cama. Algo que no hacía desde la pasada Eurocopa.

Comencé pronto a desarrollar sinceros sentimientos de repulsa, admiración y cariño por cada uno de los personajes; a sentirme identificado con la necesidad de asumir ciertos valores éticos, a repudiar las conveciones sociales impuestas, a valorar a los amigos más allá de lo que podría creer... y también a dormir menos horas de las deseadas.

Coñas y prámbulos aparte, he de admitir que los muchos hilos entremezclados, giros inesperados y las sensaciones ya olvidadas que me aportaron los guionistas de Los Soprano, me llevaron a confiar en que la adicción a una nueva serie me satisfaría.

Mad Men
Probé con The Wire y no terminé de engancharme del todo... y, tras leer este verano un estupendo reportaje en un dominical, titulado 'Pensamiento crítico en la caja tonta', en el cual, además de debatir sobre la calidad literaria de algunos guiones -una cuestión muy interesante, ya que se tiene al cine como séptimo arte, y la calidad cinematográfica de estas producciones supera en muchos casos a los mitos de la gran pantalla-, se colaron algunas pinceladas de la trama de Mad Men. Al comprobar que tras ella estaban los hilos de Matthew Weiner, creador y productor de Los Soprano, me decidí a "pillármela".

Puesto que el guión de Los Soprano es una verdadera OBRA DE ARTE y que desde el punto de vista técnico compone una auténtica genialidad, no esperaba menos de Mad Men, y he de admitir que no me ha defraudado en absoluto.

Me encuentro en el ecuador de la primera temporada y me tiene totalmente enganchado, promete una barbaridad y tanto la calidad del guión, como la profundización psicológica en los personajes -algo en lo que el formato serie supera a la película de toda la vida, por disponer de más tiempo, lógicamente, y que a mí, personalmente, me resulta muy inspirador desde el punto de vista creativo- me parecen dos cualidades sublimes para mantenerme atento a la pantalla con cada vez mayor fruición. Además, el ámbito en el que se desarrolla la serie es tan atractiva como el del mundo de la mafia latinoamericana: las grandes empresas de publicidad de mediados del XX en Nueva York... una sociedad eminentemente blanca que comienza a mostrar sus grietas xenófobas, sus miedos a la liberación de la mujer, su ambición por el dinero y la apariencia, las cicatrices mentales de las grandes guerras y la paranoia antisoviética... 

Contemplar los capítulos de esta maravilla televisiva se me antoja en ocasiones como leer el magnífico y desconcertante cuento 'Para Esmé, con amor y sordidez' de Salinger (el texto está en el enlace, es una verdadera pasada) o la novela de Cheever, 'Esto parece el paraíso'. Hay algo del primer Auster, el de 'Trilogía de Nueva York'. Esa sociedad en descomposición que requiere de su propia falsedad para hacerse a sí misma, ese miedo a mirarse al espejo y profundizar en la propia mirada, las envidias, la hipocresía, auténticas pesadillas del sueño americano, que no hace mucho venimos importando junto a las hamburguesas y los Starbucks, y se han convertido poco a poco en nuestro propio sueño europeo... Guiones como este nos ayudan a reflexionar, y, si sabemos enfocarlo, incluso nos pueden convertir en personas mejores.  

--Me pregunto:_ ¿me estaré volviendo un adicto a las series?  O.o
--Me respondo:  si son así de buenas, ¿por qué no?   n_n

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La costumbre (microrrelato)

 

Papá solía morirse un par de veces al día. A mamá el asunto no le hacía mucha gracia, pero se acabó acostumbrando. Él cogía y se moría de repente, así, sin avisar. Pero con la práctica fue generando un instinto para sacarle el máximo partido a sus defunciones. Como mamá le había dicho que yo me asustaba y ponía una mueca de pánico, papá me decía, guiñándome el ojo: "me muero, pero de broma". Solía aniquilarse en el sofá, generalmente a la hora de fregar los platos, si su equipo perdía de paliza, si mamá llegaba oliendo a otro hombre,  cuando los telediarios hablaban mucho rato de guerra y de hambre... Cada muerte duraba de media tres horas, pero un día, ya habían pasado doce y aquello empezó a oler a podrido. Grité alarmado y mamá llamó a una ambulancia. Después se volvió a tumbar de medio lado en la cama. "La costumbre", me dije...

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