* Crónica de un no-premio anunciado (Cosecha Eñe 2009)
El viernes 13 se desperezó poco antes de las nueve de la mañana con unas tímidas nubes de color gris esperanza asomadas a mi tranquilo balcón (sí, yo tampoco sabía que existiera ese tono cromático, pero no hay lugar para la duda). La noche anterior los nervios me robaron horas de sueño lentamente, como una familia de roedores consume pedazos de cuero viejo en el ático de una vivienda abandonada. Pero no eran unos nervios histéricos o ansiosos, eran unos nervios felices, con esa inquietud casi infantil previa a las excursiones, unos nervios cargados de ilusión, de cafeína y de deseos ardientes de que todo pasara de una vez. La jornada laboral transcurrió entre mensajes de "¡mucha mierda!" y felicitaciones de amigos y conocidos a través de las vías tradicionales y las nuevas tecnologías. Sinceramente no sé si eso descargaba las tensiones o echaba más pólvora a la ya crepitante hoguera de mi incertidumbre, aunque yo sabía que la suerte ya estaba echada. Aprovecho para agradecer a todos vuestro apoyo y ánimo desde hace más de un mes.
Pasé la tarde solo, suena triste, pero ni mucho menos. Era lo que me apetecía. Un baño, buena música, ordenar los libros, algo de lectura, un par de partidos en la consola... y llegó la hora de salir de casa, mi buen amigo Edward llegaría casi al límite de la hora para recogerme, aunque acudimos puntuales a la puerta del Círculo de Bellas Artes, donde me encontré con algunos de l@s amig@s que pudieron asistir al evento, y ya en la cafetería del edificio conocí a varios de los finalistas, concretamente a Rubén Ballestar, Juan Carlos Fernández León y Paula Lapido. Rubén y yo ya habíamos intercambiado un comentario en nuestros blogs y pronto me sentí cómodo. Además me identificaba con sus cómicas reflexiones, de tipo: "Yo me he quejado formalmente a la organización por habernos dado la noticia de ser finalistas un mes antes, les vamos a tener que pasar la cuenta de diez psiquiatras". Si bien, sabíamos que competir con/contra Andrés Barba y/o Agustín Fernández Mallo, convertía el hacerse con el premio en poco menos que una misión imposible.
Tras un par de cervezas y varias agradecidas y desestresantes risas accedimos al Teatro Fernando de Rojas, y después de que Germán Coppini nos diera la bienvenida con un par de temas esdrújulos y algo lúgubres, comenzó el acto. Para mí todo fue demasiado rápido, porque al ser el primero por orden alfabético, cuando vine a acomodar el culo en la butaca ya estaban leyendo un fragmento de Silenter (mi relato). La actriz Licia Alonso fue la voz que recreó unos párrafos de las diez historias finalistas (de manera formidable, todo sea dicho). Cada uno de los inicios eran verdaderamente prometedores, aún no he podido leer los cuentos pero pronto lo haré y los comentaré.
De pronto, y con una agilidad que fue muy de agradecer porque los nervios comenzaban a martillear en mi sien, Juan Bonilla y Ronaldo Menéndez (Elvira Lindo, tercera escritora del jurado fue la gran ausente del acto), tras el "y el ganador de Cosecha Eñe 2009 es", invitaron a Andrés Barba a recoger el premio. Nadie se sorprendió y me descubrí aplaudiendo tranquilo y sincero. Subimos y bajamos todos los finalistas, uno a uno, a recoger un voluminoso diploma enmarcado, con fondo y letras de color rosa (que digo yo, ya podían haberlo hecho rosa para las chicas y azul para los chicos, estilo "patuco") y ahí terminó todo. Bueno, en realidad luego tocó Josele Santiago, pero la verdad es que nunca fue santo de mi devoción.
El volumen gaseoso de la esperanza se desintegraba y con él se dehacía la presión del instante. Fue una noche emocionante, con una excelente compañía, sin duda una experiencia inolvidable y ¿quien sabe si no es la llave para una puerta que ni siquiera había encontrado en aquella vivienda abandonada en la urbe del futuro?. Después llegaron los "losientos", los "noimporta", los "eradesperar", los "eramudificil"; unas cuantas cervezas, una cena con bailes al son de Sabina, alguna que otra copa, muchas risas y abrazos.
Ha sido un fin de semana intenso y apasionante. Bien podía haber sido perfecto, claro, pero quizá eso lo hubiera cambiado todo, y no necesariamente para bien. La imprevisible relación causa-efecto, ya se sabe... habrá más ocasiones para celebrar. Esperemos.




El recién creado proyecto editorial
Si conoces a alguien que esté interesado, puede mandar a
orando con el paso del tiempo. Los estupendos relatos que atrae el premio son ya un clásico de la reentré, y prueba de ello es la participación excepcional de este año, que ha superado todos los cálculos. Más de 2.000 cuentos procedentes de veinticuatro países esperan el fallo del jurado conformado esta vez por los escritores Juan Bonilla, Elvira Lindo y Ronaldo Menéndez, y Camino Brasa y Toño Angulo Daneri en representación de Eñe. La Cosecha es ya una cita marcada en el calendario de los buenos lectores y escritores de ficción. A ver qué sorpresa nos depara este septiembre"

Hasta tal punto me lo he propuesto que hoy, al llegar al trabajo, me he encontrado con algunos compañeros que se reincorporaban a la redacción y, como me tienen aprecio -creo yo, quizá querían contagiarme...- se han levantado hacia mí a darme besos y abrazos. Yo he dado un paso atrás y les he dicho:

