Hasta ayer, domingo, el puente éstaba siendo de lo más productivo, la verdad: dormir, ver películas, cocinar, salir de juerga... ummm.
Dormía yo "la mona" el domingo, metabolizando en la camita las copas y los venenos del sábado-noche, y me cuando desperté asomé la cara por la puerta del salón: allí estaban mi buen amigo Edu, con nuestras respectivas, L e I. La cara de él no tenía nada que ver con las de ellas, y, la verdad, me dieron ganas de cerrar la puerta y volverme a la cama. Pero ya era tarde:
-¡Vamos a IKEA esta tarde!- gritaron las dos voces féminas al unísono.
-Coño... puesss no sé... me acosté a las ocho de la mañana, juega la final Rafa Nadal, va a estar petado de gente porque es puente, está en el quinto coño, no hemos cobrado así que no podremos comprar nada...
-¡No, si vamos sólo a mirar!
(O_o ¡¡A mirar!! Joder, para eso te asomas por la ventana), pensamos Edu y yo, pero no lo dijimos. Seguimos intentándolo, pero al final accedimos... resignados, con la reacción de una ameba adolescente, resacosos y entregados a las caras de gato de Shrek de las chicas.
Efectivamente fuimos al más cercano, que está en Las Suertes, paradójica parada para mi estado de ánimo (15 paradas de metro, ná más, cosica fina...), estaba petado. Tuve la maravillosa idea demirar en un cajero si había cobrado por casualidad el sábado (así soy yo de avispado, ya véis) , y ¡¡¡maldita sea, sí!!!
Tener pasta fe excusa ideal para que L me recordara que tengo que comprarme un edredón 60% de pluma de pato, 30% de buey de mar y 10% cola de bacalao, porque
-"es lo mejor, pesa poco y abriga mucho. También dos fundas intercambiables y así lavas una y pones otra, luego pones la otra y la vas la una, luego lavas...".
-"Sí, sí, ya lo pillo, ásí hasta el infinito"
-"Claro".

Bueno, en Las Suertes, donde se acaba la Comunidad de Madrid, (sin bromas, está casi en Castilla la Mancha eso) te recoge un autobús pero la gente se acina al borde de la carretera como si el autobús fuera de Cruz Roja y estuviéramos en plena Guerra de los Balcanes... pos ná, llegamos.
He de decir, en honor a la verdad, que al principio me atrapó IKEA, quizá porque la parte de mi cerebelo destinado al placer estaba sometido aún a los efectos sedantes de la noche, pero me molaba el rollo, todo tan limpito, colocadito ahí... el placer era aderezado por los comentarios de la plebe alrededor: "qué barato", "has visto eso", "este iría bien", "qué te parece"... sofás, estanterías, camas, armarios, sillas, mesas... vamos, muebles...casas montadas en 65 metros cuadrados, en 33 metros cuadrados, en ¡¡25 metros cuadrados!!... bueno, una pasada, mubeles, meubles, muelbes y MUEBLES.
Pero (porque ¡ay amigos!, hay un pero), qué pasa, pues que una vez que entras en el IkeaTourOfTheEggs ya no puedes echarte atrás, se convierte en un sendero irrefrenable del consumismo hasta el final (tardas más de una hora en reocorrerlo sin fijarte en nada, según los últimos estudios antropomórficos el ser humano no sabe "no fijarse en nada")... y bueno, yo ya al final, estaba mareado, de verdad, con tantas cosas, tantos precios, tantos carteles de "más barato", "50 euros menos que en el catálogo anterior". Y reflexioné:

"estos tíos tienen mucho morro. Una mesa de conglomerado gitaneras, que te lo hacen las máquinas, que te lo tienes que llevar tú y montarlo tú...vale 45 euros... ¿barato? Bueno, en comparación con otraos ladrones sí, pero qué coño barato 6000 de las antiguas pesetas por cuatro cachos de conglomerado?".
Empezaban a caerme de puto culo los putos suecos estos con caras de Hansel Y Gretel, mi mareo crecía, y llegamos a la zona de utensilios. Vamos como el todo a cien de los chinos de debajo de tu casa, pero a la bestia. Yo cogí mis fundas de edredón y avisé gritando, a todos lo que había en la tienda:
-¡¡Voy a las cajas a ir pagando que ya no puedo más!!
Y de camino, el agobio me invadió porque para llegar a las cajas, hay que apsar por el almacen (gigantesco) lleno de todo lo que has visto, pero colgado por los aires en estructuras metálicas gigantescas... como un matadero de muebles, qué horror, de verdad, horroroso...
Salí fuera, a tomar el aire y sentí que alcanzaba la superficie tras bucear y que se me hubieran acabado las bombonas de oxígeno.
Cuando Edu, I y L salieron, habñia una cola tremenda para esperar el autobús, pero mira, decidimos que pelearnos para recorrer 300 metros, no merecía la pena, así que fuimos andando hasta Las Suertes... Eran las 9 de la noche, y estábamos todos agotados, o con la nómina inaugurada y... hambrientos como perros abandonados...
Sólo quería llegar a casa, miré atrás y alzando el puño enuncié la famosa frase:
"¡A Thor pongo por testigo que jamás volveré a pisar IKEA!"
Pero la semana que viene rebajan el edredón de plumas de cocodrilo, pato belga y buitre de Monfrague... asíque igual me paso una tarde... qué remedio...