La Coctelera

SIN RAICES A LOS 30

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Categoría: Vuelta y vuelta a mi mundo en 80 viajes

Finalista del Premio Cosecha EÑE 2009

Bueno, pues parece que poco a poco las semillas van creciendo y los frutos van cogiendo color.

Resulta que he recibido un email esta tarde que me comunicaba que he sido seleccionado como finalista del premio COSECHA EÑE 2009 que organiza La Editorial La Fábrica.  Estas eran las bases.

El premio de este año ha contado con la participación de más de 2.000 relatos, 500 más que el año pasado, y el proceso de selección ya ha finalizado. ¡¡¡Estoy entre los 10 finalistas!!!

"Como el vino cuando es noble, la Cosecha Eñe de cada otoño ha ido mejorando con el paso del tiempo. Los estupendos relatos que atrae el premio son ya un clásico de la reentré, y prueba de ello es la participación excepcional de este año, que ha superado todos los cálculos. Más de 2.000 cuentos procedentes de veinticuatro países esperan el fallo del jurado conformado esta vez por los escritores Juan Bonilla, Elvira Lindo y Ronaldo Menéndez, y Camino Brasa y Toño Angulo Daneri en representación de Eñe. La Cosecha es ya una cita marcada en el calendario de los buenos lectores y escritores de ficción. A ver qué sorpresa nos depara este septiembre"

¡¡10 entre 2.000 no está nada mal, ¿eh?!  El premio son 3.000 euros para el ganador, así que bueno tengo un 10% de posibilidades de conseguirlo. Pero lo más importante es que saldrá publicado en la próxima revista que se puede conseguir por suscripción en todo el mundo. Es una de las más prestigiosas de habla hispana, y para mí eso es un verdadero premio.

El 13 de noviembre, en la azotea del Círculo de Bellas Artes harán público el relato ganador. Quien sabe... quizá sea el mío. Allí estaremos por si acaso. ¡¡Mirad qué vistas!!

El relato se llama "Silenter" y trata sobre una máquina capaz de crear silencio en un perímetro de espacio. En el fondo es una crítica contra el avance vertiginoso de la tecnología, el consumismo desenfrenado y el poder de influencia que los medios tienen en todas nuestras decisiones. Espero compartirlo pronto con vosotros.

¡¡HOY ES UN DÍA MUY FELIZ!! De esos que te ayudan a seguir escribiendo y persiguiendo nuestros sueños.  

 

 

Terapia estival - Un balance aproximado

Las cinco de la madrugada y no puedo dormir. Por suerte estoy en plenas vacaciones. Quizá sea la hiperactividad de la playa, sobre todo la que me contagia Daniel, mi sobrino de apenas dos años. Pero no, tampoco es el café de las seis de la tarde, no hay cafeína cuyo efecto dure tanto, ni aunque fuera de la misma Brasilia, además no es el caso. Lo que me impide descansar es el mar, no su sonido hipnotizante, sino su presencia, su proximidad. Siempre me ha pasado. Ya de adolescente el verano me servía como dique, como referencia temporal de cada año, más que el año nuevo o la Navidad. Y verano tras verano, en julio o agosto, cuando echo el ancla en la costa murciana y vuelvo a la habitación de mi casa de la playa, en esta misma en la que ahora escribo, siempre repaso qué ha sido de mi vida en este último año, en las tres estaciones y media desde que pisé esta casa por última vez, desde que sentí el sosiego de las olas mecer la noche.

No ha sido un periodo estéril en acontecimientos, no. Y alguno de ellos de gran importancia, tanta que han generado cambios en mi carácter, pero hacia adentro, hacia afuera sigo siendo el mismo. Sí, caeré en los tópicos de "la vida es un cúmulo de circunstacias, del "no hay mal que por bien no venga", "del nada es blanco ni negro del todo" o de la botella medio vacía... pero lo cierto es que he pasado momentos hermosos en estos 350 días y me quedo con ellos, gran parte de ellos los pasé al lado de alguien muy especial. 

He cambiado de vivienda pero no de barrio, he ampliado mi círculo de amistades de manera torrencial, y he sufrido etapas dolorosas -noticias tristes de mi entorno más cercano, una nueva relación sentimental que fracasa, la temida crisis de los 30 asomando su rostro a veces trágico y otras cómico...-, momentos en las que los Amigos han brillado distinguiéndose aún más de los amiguetes de cañas, he puesto a dar sus primeros pasos al proyecto profesional que siempre deseé, he descubierto unas raíces bien crecidas dentro de mi mismo que se extienden con una espiritualidad que ignoraba... Me sigo encontrando a mí mismo cada día, sorprendiéndome, leyéndome, haciéndome fotografías en blanco y negro, cuestionándome, animándome, consolándome... y sobre todo sonriéndome.

Extrañamente en el periodo con más cambios de mi vida, me siento menos desarraigado que antes, o al menos no tanto como siempre.Tengo la conciencia tranquila, pero el mar me agita, desde niño lo ha hecho.

Siempre digo que prefiero la montaña a la playa; quiza sea porque temo los discursos que el Mediterráneo me inspira.

Encuentro con Juan José Millás en el metro

Acabo de coincidir en un vagón del metro con Juan José Millás. Es un escritor, aunque os suene a queso de untar. Hemos cruzado las miradas. Sí, ya sé que no es un hecho especialmente significativo. Sin embargo, os contaré que hace cosa de un mes estoy leyendo algunas de sus obras, empecé por "El desorden de tu nombre", después "La soledad era esto" y ahora estoy con "Los objetos nos llaman" (la verdad es que me está defraudando...). Ya, tampoco es significativo, de acuerdo. Pero y si os digo que poco después de empezar el primero de esos libros le escuché decir en la radio que muchas de las historias que escribe se le ocurren en el metro la cosa cambia. Yo iba leyendo un número antiguo de la revista Letras Libres y quizá eso es lo que le ha llamado la atención, porque yo portaba una indumentaria poco acorde con el arquetípico lector de revistas culturales.

Yo no sé si el hecho de haber cruzado las miradas será motivo suficiente para que escriba una columna sobre mi persona como icono global del "neomacarra literario". Como esto es considerablemente improbable, y dado que la anécdota ha suscitado en mí una infranqueable necesidad de transcribir el encuentro visual literariamente he sacado mi libreta y me he puesto a escribir esto a trazo rápido. Dos paradas después se ha levantado, ha pasado junto a mi asiento, he levantado la vista y le he visto mirar de soslayo mi libreta, por supuesto ha erguido el rostro y se ha hecho el desinteresado. Sé que buscaba robarme la idea... he puesto una mano encima, por si acaso. Creo que se ha quedado con ganas de decirme algo, pero me imagino le habrá dado vergüenza.

Breviario // 1. En círculos

Hay días que sientes que la vida te ha soltado de la mano, que te ha dejado a la deriva. Y miras pasar a la gente con mil cosas en la cabeza y tú caminas en círculo en torno a una idea, a un recuerdo latente que se refleja en los cristales de los escaparates de las tiendas. Eres tú y crees que avanzas. El pasado te saca a pasear con una cadena fina de ayeres, de sueños nítidos, de despertares fríos y noticias cargadas de dudas. Te miras ante el espejo, de cuerpo entero, y te das cuenta de que no eres un superhéroe, que por tus venas aún late el dolor que se asoma y se aleja a oleadas... Y no te cabe duda, la vida te ha soltado de la mano, otra vez más, te ha dejado sólo por un camino de maleza infestado de trampas e insalvables abismos.

Atrapado por los tentáculos de IKEA

Hasta ayer, domingo, el puente éstaba siendo de lo más productivo, la verdad: dormir, ver películas, cocinar, salir de juerga... ummm.

Dormía yo "la mona" el domingo, metabolizando en la camita las copas y los venenos del sábado-noche, y me cuando desperté asomé la cara por la puerta del salón: allí estaban mi buen amigo Edu, con nuestras respectivas, L e I. La cara de él no tenía nada que ver con las de ellas, y, la verdad, me dieron ganas de cerrar la puerta y volverme a la cama. Pero ya era tarde:

-¡Vamos a IKEA esta tarde!- gritaron las dos voces féminas al unísono.

-Coño... puesss no sé... me acosté a las ocho de la mañana, juega la final Rafa Nadal, va a estar petado de gente porque es puente, está en el quinto coño, no hemos cobrado así que no podremos comprar nada...

-¡No, si vamos sólo a mirar!

(O_o ¡¡A mirar!! Joder, para eso te asomas por la ventana), pensamos Edu y yo, pero no lo dijimos. Seguimos intentándolo, pero al final accedimos... resignados, con la reacción de una ameba adolescente, resacosos y entregados a las caras de gato de Shrek de las chicas.

Efectivamente fuimos al más cercano, que está en Las Suertes, paradójica parada para mi estado de ánimo (15 paradas de metro, ná más, cosica fina...), estaba petado. Tuve la maravillosa idea demirar en un cajero si había cobrado por casualidad el sábado (así soy yo de avispado, ya véis) , y ¡¡¡maldita sea, sí!!!

Tener pasta fe excusa ideal para que L me recordara que tengo que comprarme un edredón 60% de pluma de pato, 30% de buey de mar y 10% cola de bacalao, porque

-"es lo mejor, pesa poco y abriga mucho. También dos fundas intercambiables y así lavas una y pones otra, luego pones la otra y la vas la una, luego lavas...".
-"Sí, sí, ya lo pillo, ásí hasta el infinito"
-"Claro".


Bueno, en Las Suertes, donde se acaba la Comunidad de Madrid, (sin bromas, está casi en Castilla la Mancha eso) te recoge un autobús pero la gente se acina al borde de la carretera como si el autobús fuera de Cruz Roja y estuviéramos en plena Guerra de los Balcanes... pos ná, llegamos.

He de decir, en honor a la verdad, que al principio me atrapó IKEA, quizá porque la parte de mi cerebelo destinado al placer estaba sometido aún a los efectos sedantes de la noche, pero me molaba el rollo, todo tan limpito, colocadito ahí... el placer era aderezado por los comentarios de la plebe alrededor: "qué barato", "has visto eso", "este iría bien", "qué te parece"... sofás, estanterías, camas, armarios, sillas, mesas... vamos, muebles...casas montadas en 65 metros cuadrados, en 33 metros cuadrados, en ¡¡25 metros cuadrados!!... bueno, una pasada, mubeles, meubles, muelbes y MUEBLES.

Pero (porque ¡ay amigos!, hay un pero), qué pasa, pues que una vez que entras en el IkeaTourOfTheEggs ya no puedes echarte atrás, se convierte en un sendero irrefrenable del consumismo hasta el final (tardas más de una hora en reocorrerlo sin fijarte en nada, según los últimos estudios antropomórficos el ser humano no sabe "no fijarse en nada")... y bueno, yo ya al final, estaba mareado, de verdad, con tantas cosas, tantos precios, tantos carteles de "más barato", "50 euros menos que en el catálogo anterior". Y reflexioné:

"estos tíos tienen mucho morro. Una mesa de conglomerado gitaneras, que te lo hacen las máquinas, que te lo tienes que llevar tú y montarlo tú...vale 45 euros... ¿barato? Bueno, en comparación con otraos ladrones sí, pero qué coño barato 6000 de las antiguas pesetas por cuatro cachos de conglomerado?".

Empezaban a caerme de puto culo los putos suecos estos con caras de Hansel Y Gretel, mi mareo crecía, y llegamos a la zona de utensilios. Vamos como el todo a cien de los chinos de debajo de tu casa, pero a la bestia. Yo cogí mis fundas de edredón y avisé gritando, a todos lo que había en la tienda:

-¡¡Voy a las cajas a ir pagando que ya no puedo más!!

Y de camino, el agobio me invadió porque para llegar a las cajas, hay que apsar por el almacen (gigantesco) lleno de todo lo que has visto, pero colgado por los aires en estructuras metálicas gigantescas... como un matadero de muebles, qué horror, de verdad, horroroso...

Salí fuera, a tomar el aire y sentí que alcanzaba la superficie tras bucear y que se me hubieran acabado las bombonas de oxígeno.

Cuando Edu, I y L salieron, habñia una cola tremenda para esperar el autobús, pero mira, decidimos que pelearnos para recorrer 300 metros, no merecía la pena, así que fuimos andando hasta Las Suertes... Eran las 9 de la noche, y estábamos todos agotados, o con la nómina inaugurada y... hambrientos como perros abandonados...

Sólo quería llegar a casa, miré atrás y alzando el puño enuncié la famosa frase:

"¡A Thor pongo por testigo que jamás volveré a pisar IKEA!"

Pero la semana que viene rebajan el edredón de plumas de cocodrilo, pato belga y buitre de Monfrague... asíque igual me paso una tarde... qué remedio...

Aprendiz de Willy Fog (II). Edimburgo

....O de cómo sobrevivir cinco días sin maleta sin móvil y con Santa Tarjeta Visa en el bolsillo...

Tras la pérdida del avión de Praga y un sueño reparador de unas 15 horas ya me dirigía hacia el aeropuerto para ir a Edimburgo. De camino en la carretera me detuve para comprar en una farmacia unos tapones para los oidos. Como suele ocurrir últimamente, me los ofrecieron para meterse en el agua y yo les dije que los quería para el ruido. Vaya, pues de los segundos no tenían. No había tapones, y al subir al coche me doy cuenta de que tampoco había móvil. Se me había caido al bajarme, con las prisas, del vehículo. ¿Alguien puede explicarme para qué **** sirven los calcetines esos en los que se enfunda el móvil? ¡Oh, sí, amigos, yo lo sé! Fue invento de las perras compañías de telefonía móvil y sirve para que si se te cae el móvil al suelo no lo oigas. Me diréis: "no, es para que no se raye". De acuerdo, pero prefiero un móvil rayado a un no-móvil. Otros (lo cual es más preocupante) que "es para que no pase frío en invierno". O_o

Bueno, pues en esas me veía, blasfemia en boca, de camino a un país en el que necesitaba contactar con dos personas: una buena amiga y un compi de curro y buen colega también.

La mala leche se me pasó un poco, sólo un poco -yo cuando me pongo tengo más mala leche que las vacas locas- al llegar al aeropuerto y encontrarme con mis dos compañeros de viaje, y socios desde hace ya más de una década -joder, como pasa el tiempo- Pedro y Jose. Como yo, son periodistas, cercanos al alcoholismo y amigos del trasnochar. Miedo da pensarlo. Tras contarlesla anécdota se descojonan y me tranquilizan. Al embarcar, la compañía de vuelo ya me daba mala espina -no viajéis nunca con Flyglobespan!!- pues me dicen que baje la ventanilla del avión al despegar ¿?¿? y nos ponen caras rarísimas a cada pregunta que hacemos. Tal y como iba las cosas habría apostado la mitad de mis fichas a que el avión se estrellaba o, como mínimo, hacía un aterrizaje de emergencia. Ufff... No. Total, que aterrizamos en Edimburgo, y allí estamos esperando las maletas... algo me hacía sentir que la mía no iba a salir.

Nada, ahí estaba, cada vez más seguro. La gente cogía su maleta y me echaba un vistazo como si llevara falda escocesa y una gaita o fuese un souvenir o algo raro. (Una japonesa se me acercó a preguntarme si se podía hacer una foro conmigo, "foto con el tonto de la maleta, ¿sí? ¿sí?". Le eché una mirada que aún debe estar sentada en el WC). El caso es que la mía no salió. La blasfemia ya era parte de mi vocabulario innato y la sonrisilla de mis compañeros de viaje era inaguantable -para ellos, que no se la podían aguantar, vamos-.

Me hice a la idea, y la verdad es que después iba muy cómodo yo sin macuto y sin móvil. ¡A la buena de dios! ¡Ale! Ya me veía cinco días con la misma ropa exterior. Sí, sí,la interior sí me la compré, y también un par de camisetas. ¿¿Qué os creíais?? Eso sí, me arriesgué a pillarme un buen resfriado escocés al no comprarme unos deportivos después de que lloviera, pero es que los precios del calzado allí son prohibitivos. Bueno, del calzado ¿y de qué no? Finalmente, tras amenazas con aliento de tequila, el resfriado decidió quedarse en la bella calle de Cowgate. Triste y hambriento de mis leucocitos.

Todo lo demás... un 10!!

Pues sí, la verdad es que sí. Excluyendo las movidas típicas de llamar al aeropuerto para saber si sabían algo del baggage y depender de Internet para contactar con los amigotes que estaban por allí, la ciudad de Edimburgo se me metió en el corazón como un nubarrón se mete en la capital escocesa cada seis minutos -según los ultimos cálculos del Meteosat-.

Al pasear por Princes Street uno ve ya lo que la ciudad ofrece en esencia: edificios hermosos que componen distritos grises y espigados, catalogados como patrimonio de la Unesco con gran justicia, parques grandiosos que transmiten un frescor que no ha abandonado la ciudad en nueves siglos, el olor a cerveza que te perfora la nariz y te invita a saltar de pub en pub -¿cómo decir que no?- y sobre todo mucha gente disfrutando del maravilloso espectáculo que ofrece el Festival de Teatro "Fringe". Un títere, músico, clown, acto teatral, acróbata, payaso, etc. en cada esquina, una sonrisa en cada adoquín, un grupo de gente asombrada a cada paso. Tenéis que ir, tenéis que verlo. Absoluta, total, altísimamente recomendable!! ;)

Las casualidades hicieron que, además de encontrarme con mi amiga Davinia y mi amigo Jesús, con quienes ya había acordado tomarnos todas las cervezas que nos diera tiempo a meternos entre pecho y espalda -el alcoholismo comenzaba a ser preocupante, pero es lo bueno que tiene la VISA, que no se queja- viví una experiencia especialmente inolvidable: el encuentro con mi amiga Rocío, una cordobesa graciosa sin par con quien comparto, ademásde muchosde mis gustos preferidos, mi sentido del humor. A pesar de nuestra buena relación ninguno de los dos sabíamos que el otro estaría allí. Cosas del verano. El caso es que subí a dormir la siesta en el albergue y Pedro y Jose se quedaron por abajo en el hall -tratando de ligar, seguro, aunque quizá aleguen otra cosa, ¡mienten!- y hablando con ella, le dijeron que eran de Murcia:

-¡Anda, de Murcia! Pues yo tengo un amigo de Murcia, se llama Trifi...- La cara de los otros dos no pudo más que retorcerse y sus bocas dejaron escapar una carcajada, de esas extrañas que te provocan los acontecimientos increíbles.

-¡Trifi está arriba durmiendo! -no había mucho margen de error, con un nombre como el mío...

Cuando bajé de la siesta escuché un piano sonar plácidamente -Roci toca el piano como los ángeles, o mejor dicho, ya quisieran los ángeles tocar como ella- y después de frotarme los ojos vi que era cierto. Total que Pedro, Jose, Davi, Rocío, su amiga Pilar y yo, y Jesús por un buen rato, nos convertimos en una piña que sólo pudieron disolver las borracheras, los malentendidos horarios y las resacas. La subida a Arthur´s Seat se quedará siempre en mi memoria, con aquellos tapones de whisky para celebrar la llagada a la cumbre, las borracheras a tequila, yainseparables de las caras de Davinia -están en video, jaja, no te escapas de verlo-... En fin, un viaje cargado de buenos momentos, juergas, risas y mucha mucha mucha amistad de la auténtica. De la sana.

Tristeza me dio dejar la ciudad -estaba en el aeropuerto dos horas antes de que partiera el avión para no perderlo-, aunque estaba tan agusto sin el peso de la mochila... a esas alturas ya había asumido su pérdida absolutamente. Triste pero sonriente. Porque estoy seguro, 100x100 convencido, de que voy a volver muy muy pronto a Edimburgo.

Saludos y abrazos a todos los aludidos, y perdón por el rollo a los que no!!

Pd.: Mi maleta llegó a los 3 días a casa, sana y salva. Estuvo en un aeropuerto de Sri Lanka, otro de Melbourne, en Moscú, Emiratos Árabes Unidos y Jamaica. Bueno, eso es lo que dice, pero ya sabéis que los equipajes siempre han sido unos mentirosos...

Aprendiz de Willy Fog (I). Praga

En parte por los incidentes, pero aún más por los placenteros momentos, estas vacaciones han sido intensas, diferentes, profundas, sabrosas, etílicas, artísticas y, como siempre, como todas: cortas.

Debo reconocer que Praga era una ciudad que, de antemano, no me caía demasiado bien. Decir por qué resulta complicado, pero creo que se debía a tanto oír cosas estupendas sobre ella, de ver tantas camisetas con la silueta de Kafka por la calle... no sé, pero algo me hacía dudar. Mis dudas se disiparon en el primer paseo. Al llegar a Praga mi existencia se convirtió en un viaje a un pasado inspirador, alegre y sorprendentemente soleado. Para mi sorpresa la cerveza y la gastronomía respondían a una relación calidad-precio que ya queda a años luz en la memoria de aquella nuestra España pesetera y en la de la mayoría de las ciudades europeas típicamente turísticas. Praga es una capital hermosa, tranquila, repleta de torreones, palacios y castillos que se aferran a la historia, elegantes y orgullosos de haber sido emblema del Imperio Austrohúngaro y metáfora de las lanzas de la capital del Reino de Bohemia.

El río parte la ciudad en dos dejando a cada lado paisajes que la modernidad no ha sido capaz de plastificar/horrorizar. Al contrario, todos los edificios se mantienen con esa espléndida elegancia que permite oler a través de los ojos el momento glorioso de la ciudad.

Imaginar cómo en el siglo XIV, todos esos edificios decorados hasta los cimientos se construían a la vez, en un cosntante ir y venir de carruajes, de trabajadores, de soldados listos para el viaje y campesinos que acudían a trabajar a las fábricas; las fachadas repletas de andamios de madera, creciendo al unísono bajo los copos de nieve... Asomado a la orilla del Vltava pensaba, fumando un Sparta, "para mí eso es la historia, más allá de todoslos libros llenos de fechas y nombresde gente y detratados. Qué pena no vivir eternamente... qué pena ser sólo una persona enclavada en un instante del tiempo. No haber podido elegir"

No sólo de paseos vive el hombre

Pero bueno, además de cultura, paseos y las imprescindibles visitas a la catedral de San Vito, el Castillo o el fantástico puente de Carlos o la ruta por el barrio judío -repleto de sinagogas que de noche dejarían sin aliento al mismo Golem-, Praga esconde muuuucha juerga ;) y buena música. La absenta en invierno debe ser más útil que una estufa, pues se presenta como la bebida tradicional, -junto a la cerveza, claro- y también el tequila se sirve a discreción. Entre las discotecas de la zona centro, los bares suburbiales de las afueras y las jam sesions de jazz con las que, con algo de suerte puede tropezarse uno, cada noche fue una aventura nueva en la capital checa.

Envueltos mi amigo Edu y yo -podéis disfrutar nuestras andanzas en otros artículos anteriores- en el buen trato de la gente y el grado de alcoholismo que ascendía desde primera hora de la mañana –entiéndase por «mañana» las dos de la tarde–, regamos la última noche con tequila en el bar de la residencia con nuestro nuevo amigo Daniel, de Belfast. Tanto se alargó la juerga que siendo las 6.30 de la madrugada, aunque nuestro avión salía a las 11 de la mañana siguiente, dilucidamos acostarnos un par de horas y despertarnos a las 9. Aún no comprendemos qué nos hizo acordar tal idiota resolución. Pero por si nuestro grado de imbecilidad etílica quedase escasa, lejos de gastarnos 14 míseros euros en un taxi hasta el aeropuerto decidimos coger el metro y el autobus. Resultado: carreras con macuto de 20 kilos a la espalda por el aeropuerto de Praga, intento de embarque gitanero con las maletas como equipaje de mano y negativa por parte de la compañía a dejarnos embarcar. La conversación fue de esta guisa, en english-resacoso-murciano:

–Ese es nuestro avión –lo veíamos a través de la cristalera.

–¿Y?

–Pues, que queremos montarnos.

–No, eso no es posible. Tenían que haber llegado hace cuarenta minutos.

–Pero tenemos el billete y el DNI...

–¿Que creen que es esto? ¿un autobús?

Como el humo salía de nustras cabezas mitad por el enfado, mitad por los efectos del alcohol destilado en sudor, nos mordimos la lengua y nos resignamos a no ver cómo el avión despegaba delante de nuestras narices.

Los vuelos a Madrid para ese día rondaban los 300 euros, así que, gracias a la intestimable ayuda de mi buen amigo Jorge, agente de viajes, que encontré en el messenger, hallamos un vuelo a Barcelona por algo más de 100 euros. Una vez allí cogimos un autobús a Murcia que sólo paró en 34 pueblos de la costa mediterránea y unas 11 horas después ya estábamos en Murcia, en casa. Cansados pero felices, resacosos pero con una Estrella de Levante –grandiosa cerveza murciana, Theo– en la mano. Esa noche dormí, consciente de que apenas treinta horas más tarde salía mi avión hacia Edimburgo...

Pronto Aprendiz de Willy Fog (II). Edimburgo ;)

Gajes del viajero (I)

Ver despegar tu avion no es algo saludable, sobre todo si lo ves desde fuera no desde dentro... me ocurrio en Praga, odisea, billetes caros, aunque milagrosamente no muchos, viajes eternos... pero tampoco es que perder el movil de camino al aeropuertosea lo que mas desea uno... y mucho menos que despues pierdan tu mochila al llegar alli. Esto ultimome ha ocurrido hace un par de horas en Edimburgo, donde ahora estoy. He pagado 1 libra por media hora de Internet para contactar con la gente a la que no podre llamar para encontrarme con ellos en esta bella ciudad, y como no quiero dejar ni un solo minuto aqui gratis a la maquina esta, pues os adelanto mis aventurillas... las contare con mas calma... ufff... alguien ahi arriba me debe un favor muuuuuuy gordo...

Saludos agridulces O_o