La Coctelera

SIN RAICES A LOS 30

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De jaulas de cemento y viviendas

Cuando el Partido Popular perdió las elecciones tras el caótico 11 de marzo –que no hay que olvidar, pero tampoco manosear– me sentí el hombre más feliz del mundo. Ilusión que, hoy día, la realidad viola. Cuando José María Aznar llegó al poder yo contaba con 16 años y no estaba en situación de valorar en exceso lo que esto supondría para la sociedad española. En 2004 nunca vi al PSOE como un partido salvador de nada, sobre todo cuando en mi adolescencia se vinculaba sin parar y con toda justicia al partido de la rosa y el puño con la corrupción y la opacidad política. Sin embargo, este grupo encarnaba la alternativa a años de política internacional desastrosa, amiga del neofascismo yankee, y un gobierno nacional basado en la privatización de las instituciones educativas y energéticas, una precariedad laboral intragable y el encarecimiento del suelo y, por ende, de la vivienda –los temas que más me afectaban y afectan hoy día a la mayoría de los jóvenes–.

Pero, tristemente, poco o nada ha cambiado desde que Zapatero entró en la el palacio de la Moncloa. Analizando la ‘política social’ (lo de “socialista” aún lo estoy esperando) de ZP hallamos unas cuantas acciones: la ley de paridad –aplicada de cara a la galería para hacerse con el voto femenino en mi opinión, pues se centró más en la simple igualdad de personas de ambos géneros que en las aptitudes reales–, la ley de dependencia –con la que estoy de acuerdo, si bien me parece ineludible en un país en el que más de 7,3 millones de españoles son mayores de 65 años, lo que representa el 17,5% de la población total–, la aprobación de matrimonios entre homosexuales –una medida productiva a efectos de popularidad que responde a un ejemplo de modernidad social, pero poco aporta a la sociedad global cuando el matrimonio pierde enteros entre la juventud– y retirada de las tropas españolas en conflictos armados internacionales en los que no pintábamos absolutamente nada, que sirvió solamente para señalar los excrementos que el PP había dejado por doquier.

Bien, pues a grandes rasgos, además de la inclusión de dos nuevas cadenas televisivas en abierto, –la Sexta volcada en el deporte y Cuatro, sucursal hispana de series norteamericanas y con una calidad en la programación más que cuestionable– es lo que Zapatero ha llevado a cabo en dos años y medio de gobierno. ¿Lo demás? Empleo igualmente precario que en la era Arenas, universidades más vacías de alumnos y más pendientes de los acuerdos con entidades bancarias que de ofrecer una educación de calidad (además de pobrísimos o nulos acuerdos con empresas para la preparación al mercado laboral de los alumnos, convirtiéndolos en carne de cañón para la obtención de sueldos ridículos y aspirantes a lameculos redomados en potencia), medidas contra la inmigración nada consecutivas o imparciales, y sobre todo y ante todo: VIVIENDAS INALCANZABLES.

En 2005, la vivienda subió más de un 10%, y se estima que este año lo hará un 8%. Se supone que es una buena noticia, pero no hay calculadoras capacitadas para medir los ingresos que eso supone para la industria de la construcción. 2006 comenzó con 730.000 pisos iniciados en España. Los edificios crecen como setas tras la lluvia, pero sólo para que los jóvenes con muy buen sueldo, poco tiempo libre y mucha paciencia puedan adquirirlos. Haciendo un cálculo rápido: 227.000 euros por un piso de 70 metros cuadrados en Carabanchel. Pongamos que un joven ‘mileurista’ aporta 500 euros de su sueldo mensual al pago de esta vivienda, necesitaría en ese caso para pagarlo 454 meses, esto es, casi 38 años de su vida. En pareja es más fácil, claro, pero esto está incidiendo en la alarmante disminución de la natalidad, y no ayudan el retraso de la nupcialidad –el concepto de ‘pareja estable’ sigue sin asimilarse sin pasar pasar por el juzgado o la iglesia y los fracasos matrimoniales.

Conclusión: no hay derecha ni izquierda en el siglo XXI, no hay ilusión por el fututo, no hay político en el que confiar mientras vista un traje de Armani cuyo precio alimentaría a una familia numerosa todo un mes. No hay alternativa. La política española está enjaulada y nosotros somos tristes árboles atados a la merced de su caro suelo.

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