Pinochet se ha escapado vivo!
Generalmente, la idea de sentir felicidad por la muerte de una persona, sobre todo si se trata de un anciano y mucho menos si ni siquiera ha repercutido directamente en la vida de uno, se antoja como un acto de vileza y de carencia de toda humanidad. Sin embargo, la muerte de Pinochet ha sentado tan bien para la conciencia de la gran mayoría de la juventud española como el descubrimiento de una vacuna contra una enfermedad epidémica. Y es que la desaparición de cualquier dictador supone la amputación de etapas grises –o mejor, negras- de la historia mundial más reciente y la curación del dolor de millones de personas. Diecisiete años de salvaje dictadura, miles de desaparecidos y torturados, asesinatos indiscriminados de inocentes y un largo etcétera de crímenes contra la humanidad, unidos a la burla constante y descarada de la justicia internacional convierten la muerte del general chileno en una verdadera fiesta para la democracia.
A pesar de ello, pesa monstruosamente que no se le haya hecho pasar por el banquillo y se haya despedido de esta vida con su conciencia tranquila y su orgullo intachable; hecho que además siembra la inquietante posibilidad de que siente precedente y se normalice lo de “dejar lo pasado en el pasado”. Cientos de miles de chilenos salieron a celebrar y a llorar el fallecimiento de Pinochet, y durante su entierro unos cuatro mil chilenos abuchearon la ceremonia religiosa que “garantizaba” su paso del infierno terrenal al paraíso celestial; paralelamente miles de ciudadanos del país andino conmemoraban y recordaban con cariño la figura de Salvador Allende, primera víctima directa de la dictadura del militar fascista.
Aceptado por consenso entre los partidos políticos españoles que la muerte de Augusto Pinochet servía para cerrar una de las páginas más negras de la historia reciente, resulta absolutamente intolerable que Manuel Fraga -“ese hombre” de la era cavernaria que no cede en sus opiniones y cuyas pupilas nunca han aportado color a su perspectiva en blanco y negro- aparezca en programas de televisión afirmando que Pinochet cometió “algunos excesos” y que tomó las riendas de un país que estaba “mucho peor que cuando el llegó” (al poder, se entiende). Este tipo de personas deben desaparecer inmediatamente de la luz pública, es respetable que se dedique a escribir libros con sus opiniones, y que se vendan en librerías específicas para románticos del totalitarismo, pero no es de recibo que se le dé voz popular a un ex-político que apela al sentimiento de condolencia con un fascista como Pinochet. ¿Libertad de expresión? Sí, pero con ciertas declaraciones habría que usar la guillotina de la censura democrática: silenciar afirmaciones que nada aportan al concilio social.
La muerte de Fraga se antoja también inminente, y, aunque seguramente el pueblo no abrirá botellas de cava –públicamente- para vitorear su fallecimiento, personalmente sentiré ese día una extraña paz, y abriré en mi salón una cerveza alemana de tres euros, de la misma marca y el mismo grado de alcohol que la que abrí el pasado domingo.




3 comentarios
¿ Viste en el telediario de la primera, como sus seguidores agredieron a una reportera española que intentaba hacer su trabajo, durante el asqueroso acto, repugnante acto que le hicieron ?
15 dic 2006 | 11:46 AM
Sí, lo vi, además está en
http://www.youtube.com/watch?v=LMymwMsQsVY
para quien interese.
PENOSO ¿qué se puede esperar de quien acude a tal acto?
15 dic 2006 | 11:58 AM
cabe recordar que el difunto pidio expresamente en su testamento que lo incineraran porque "temia que su tumba tarde o temprano fuera profanada" jejeje que fuerte.
17 dic 2006 | 06:19 PM
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