Sea lo que sea lo que afirme su etimología oficial, he descubierto recientemente de dónde proviene la palabra rechazo. Según me ha sido informado íntimamente, proviene en un 66,6% del término hachazo, mientras que un 33,3% lo hace de la palabra repetición. Resulta complejo dar una definición exacta del rechazo, porque dependiendo de la ocasión, puede tratarse de diversas maneras ya que puede responder a diferentes naturalezas.
Sin embargo algo se puede sacar en claro sin lugar a dudas: el rechazo es hondamente díficil de encajar, pero teremendamente sencillo de explicar. Siempre existe una aclaración para justificarlo, y raramente se puede argüir algo a debate contra él. Es el rey de los sentimientos negativos, no tiene réplica.