Es una palabra bella, como el cuerpo desnudo de una joven abrazado a una almohada, lindera con las últimos lindes de la más perfecta lindura, curvada y dócil, se muestra narcisista, y se contonea por el sólo hecho de sentirse observada. Es una de esas palabras-mujer; mezcla de erotismo y elegancia. Hermoso nombre además.

Se introduce en textos en los que no pega, se siente cómoda entre jergas, entre vocablos obscenos, para así destacar más su histórica hermosura. Es una palabra arrogante, pero breve y biensonante, fácil de rimar, orgullosa de su pasado, porque a pesar de ser tan relamida, atrae la atención de ojos y oídos. Sonora como un arpegio de guitarra, casi hay que relamerse para pronunciarla, casi hay que prepararse para recibirla en el oído como si fuera una acaricia en el lóbulo. Pero a ella con estar le es suficiente: ser leída por un pareja de ojos al día, o por una mirada soltera y despistada, eso le vale.

Sólo busca eso.

Hoy disfruta en esta página de un lugar en la cima; cinco letras hoy copan mi página, espaciosas, extrañas en un blog que suele vestir tachuelas y gramáticas juguetonas y ácidas; pero hoy en la cumbre se sitúan cinco letras lindas como una camada de gatas. Un nuevo artículo las hará descender hasta la parte más baja del scroll del olvido; como pasa con todas las vidas, con todos los títulos y con todas las palabras.