Punto de partida
No sabía por qué había cogido ese tren, pero sabía que ese tren y no otro era su huida de la ciudad. No sólo de la ciudad, sino también de su trabajo, de su habitación, de su pasado y sobre todo de ella. Ella había sido para él un viaje maravilloso durante años, amontonados en meses que, con gula, se alimentaron de días ansiosos. Ahora la imaginaba como un vagón de mercancías que falsamente se había anunciado con un gran cartel que rezaba "transporte para pasajeros". Había fingido albergar humanidad, pero sólo contenía materias huecas y vacío. Cuando lo descubrió ya había absorbido gran parte de su ilusión.

Sabía que en otro sitio habría otras identidades -propias y ajenas- esperándole, otra urbe deshaciéndose a cuarenta grados de temperatura, otro sueldo rídículo arrastrándose entre cuentas bancarias. No esperaba dar con esa ciudad de inmediato, pero sentía que lo que llegasesería mejor que lo abandonado. Algo le aseguraba que esa estación era el punto de partida hacia el futuro, un paraíso gris que anhelaba conocer para olvidar la negra mañana de ese domingo. Sabía que ese tren era el punto de inflexión para alzarse a un nuevo yo. Estaba convencido de que ese día en que despertó con la boca llena de ecos de llanto, ese domingo que era algo más que el último día de una semana, era el último día de su vida... tal y como la había conocido hasta el momento.
Imagen -tratada- extraída de aquí




1 comentario
que magia tienen los trenes...
18 may 2007 | 11:15 AM
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