La Coctelera

SIN RAICES A LOS 30

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Hombre-laberinto

Cada uno de nosotros es un laberinto. En cada esquina nuevas emociones nos acechan con los ojos abiertos en canal, como lechales colgados en la cámara frigorífica de la carnicería. Nos abandonamos sin conocer bien los motivos, huimos en vagones hechos de la luz de la mañana, sin avisar a quien sabemos que nos buscará. Mitad por sentirnos libres, mitad por apresarlos en su remordimiento. Huimos de nosotros y de ellos. Las cartas de despedida sólo se dejan en las películas y en los sueños; como los sueños sólo se dejan en las noches -esos constructos de múltiples pasillos iguales-.
Inspirado gracias a un post de Liber

1 comentario

  1. ariadnasinhilo

    "y a veces es difícil ser
    y lo que hay no siempre es lo que ves,
    y lo que ves no siempre es lo que es....."

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