Cada dos días paso tres horas pensando en lo que haré al día siguiente. Así me organizo. Me introduzco en la caja y dejo la mente en blanco. Aquí dentro es fácil. Es un espacio mágico que me arranca de la vida diaria.

Aquí dentro se me da bien olvidar:

en qué trabajo, que hay actitudes que odio, objetos que venero como si fueran diosas, que hay autobuses que trasladan a las personas de un lugar a otro sin parar (¡¡sin parar!!), las causas de la lluvia, las tiendas que venden lo que como y lo que visto... intento olvidar todo eso...

Aquí dentro pienso en asuntos triviales:

recuerdo aquella fábrica donde construyen lágrimas (con las paredes decoradas de ojos enrojecidos, eso sí que era sentirse observado); recuerdo cuando escarbaba en busca de semillas para alimentarme y la sensación cuando los nogales crecían en mi estómago; recuerdo el eco ensordecedor del frío en la estación de tren; el color de las metas inalcanzables hundiéndose en mi ánimo, rozando el fondo; la prisa, disfrazada de relojes, custodiando cada esquina y poniendo zancadillas...todo insustancial...

...ya sé que haré mañana... romperé los hábitos y me meteré aquí de nuevo. O mejor, quizá no salga. Aquí dentro todo es más fácil.