De pronto, parece que todo adquiere sentido. Que el caos de las noticias, del tráfico, de los movimientos económicos, responden a un orden lógico o, al menos, ajeno a nuestra auténtica esencia vital. Se trata de unos momentos mágicos, casi oníricos, en los que nuestra existencia confluye con el mundo, todo adquiere sentido y sentimos como si se nos erizara el vello del alma. Esos instantes han venido a denominarse epifanías.
Con orige
n en la tradición cristiana, inspirada y relacionada con revelaciones en la vida de santos o creyentes, la epifanía literaria se convirtió en una nota frecuente de la sinfonía escrita del siglo XX, siendo el máximo exponente de estafigura el irlandés James Joyce. Me refiero a la prosa pues, en esencia, muchas corrientes poéticas se han nutrido de este sentimiento para la construcción de versos en base a experiencias significativas. Según algunos críticos la epifanía en prosa responde a una invasión de los recursos poéticos sobre este género, sin embargo las epifanías de Joyce, como de otros escritores modernos, relatan las sensaciones,la anécdota, tratan de hacer percibir al lector lo que el personaje siente y para ello sitúan el hilo argumental en un momento cumbre de carácter catártico.
Joyce la define hacia 1900 en Stephen Hero como "una repentina manifestación espiritual,que procede bien de la vulgaridad del propio lenguaje, o en una fase de la propia memoria" (traducción propia y libre). Esta definición, inasible y pobre, no responde con exactitud a lo que más tarde se categorizará como epifanía sino en el sentido de "repentina manifestación espiritual", es una sensación o experiencia acompañada de un sentimiento de alegría o placer -no físico- similar a lo que se entendería como un momento místico.
Ejemplares epifanías
Además de Joyce existen otros autores que han inmortalizado en fragmentos literarios esta especie de "momento mágico", se trata de textos que conmueven de una manera especial y que se acercan indudablemente a nuestras propias experiencias. Tal es el caso de "El reloj parado a las s
iete", de Giovanni Papini, o de muchos de los finales de Raymond Carver, como en "El elefante".
En el primer caso, el resumen quedaría corto, insípido y banal, por ello os recomiendo que lo leáis si no lo conocéis, en apenas tres minutos lo habréis consumido y sin duda, lo disfrutaréis y comprenderéis mejor todo esto de lo que os hablo.
El segundo, el de Carver, es el relato que me ha inspirado a dedicar los primeros momentos de mi día acompartir con vosotros estas palabras. Muchos habrán dejado de leer hace un rato, pero si seguís entenderéis.
Llevaba casi una semana leyendo a intervalos "El elefante", ya que por motivos festivos, de trabajo o de puro agotamiento, no hallaba el momento ideal para terminarlo de una sentada. Esa sensación me provocaba bastante desasosiego, pues la situación del protagonista es de auténtica tensión. Presta a toda su familia, sin apenas tener dinero para él, pero ha de pagar a su mujer, a sus hijos, a anciana su madre y a su hermano, quien constantemente le solicita crédito, ya le debe miles de dólares que no le devuelve. Él es bueno y cede, pero por dentro siente rabia, sospecha que se ríen de él cuando les amenaza con marcharse lejos, y quiere resistirse a entregarles más dinero, a pagarle a su hijo un viaje a Alemania, a comprarle a su madre lo que necesita, pero lo hace. Finalmente, una mañana espléndida, decide ir caminando al trabajo y reflexiona:
"(...) en un momento dado comencé a pensar en mi hijo. Le deseé suerte dondequiera que estuviese (...) esperaba que se sintiera feliz. Aún no me había escrito para darme su dirección, pero no había duda de que recibiría noticias suyas muy pronto. Y mi hija... Que Dios la bendijera y protegiera. Decidí escribirle esa misma noche para hacerle llegar todo mi aliento. Mi madre, por su parte, seguía con vida y bien de salud. Me sentía también afortunado por esto: si no surgía ningún contratiempo viviría unos cuantos años.
Los pájar
os cantaban; de cuando en cuando pasaban coches por la carretera. Buena suerte también a ti, hermano mío -pensé-. Espero que consigas esa estabilidad económica que tanto ansías. Págame cuando lo tengas. Y a mi exmujer, la mujer a quien en un tiempo tanto amé... estaba viva y bien -que yo supiese, al menos-. Le deseé felicidad. Pensé que, a fin de cuentas, todo podía ir mucho peor. En aquel momento, por supuesto, las cosas estaban mal para todos. La suerte nos había dado la espalda, eso era todo. Pero las cosas iban a cambiar pronto. Las cosas comenzarían a arrglarse quizá en otoño. Había muchos motivos para la esperanza.
Seguí andando. Luego me puse a silbar. Me sentía con derecho a hacerlo si tenía ganas. Empecé a mover los brazos al andar(...) Me detuve frente a Smitty´s, un viejo café con grava en el aparcamiento y tablas sobre las ventanas. Un local clausurado desde que yo lo recordaba. Decidí dejar la fiambrera en el suelo unos instantes. Así lo hice, y luego levanté los brazos a ambos lados hasta la altura de los hombros. Seguía así, como un pobre chiflado cuando alguien tocó el claxon (...)"
Como decía, no hallaba el momento de terminar el cuento,y a la vez que curiosidad, sentía una gran alegría gracias a ese texto, que tanto me estaba gustando y con el que, quien sabe, quizá algún día me viese identificado, "quizá en un futuro todo eso forme parte de mi vida", pensaba.
Esta mañana, de camino al trabajo he sufrido en el autobús un terrible atasco. Me quedaban unas diez páginas, y pensé que en el breve trayecto no me daría tiempo a finalizarlo por muy rápido que leyese, pero como mágicamente, lo he terminado.
Al acabar me he quedado mirando los coches, escuchando los cláxones, y analizando las caras de los ancianos que en el autobús, observaban impasibles, incluso divertidos, sonrientes. He pensado "sí, el mundo está loco, pero podría ser peor". Algunos días sientes que la suerte te da la espalda, eso es todo. Algunos lunes son mágicos y me informan de que soy libre para darle un bocado al mundo. Si me apetece, tengo derecho a hacerlo.




9 jul 2007 | 04:16 PM
lamardecuento
Vaya bocado de vida, Noiserfan. Conocía el cuento del reloj parado a las siete, pero me ha encantado que hoy lo recuperes. En mi casa están dando las siete (aunque apenas sean las cuatro y cuarto).
Después de vivir este fin de semana reconfortada por la epifanía de Dorothy Day, acabas de poner un poco más de inspiración a mi lunes. Seguro que la crónica que tengo que escribir esta tarde me va a salir con las notas musicales del Hallelujah de Leonard Cohen.
Gracias y abrazo!
9 jul 2007 | 04:55 PM
yocreoquesi
Me han gustado mucho tus reflexiones sobre la epifanía, asi que te agrego,
no sabia que fueses un gato, encantada de estar en tu tejado.
10 jul 2007 | 12:01 AM
magaterrenal
Hola Noiserfan. Que lindo post y tan inspirado. Creo que este lunes vivo yo la epifanía esa. Ya me tocaba!
Sabes, tuve un libro de metafísica que habla de este fenómeno pero lo perdí y cuando lo recordaba deseaba encontrar algo igual o parecido. Va por este camino tu artículo lo que me alegra mucho...
Bueno, te agrego también. Me encantan los amigos interesantes.
10 jul 2007 | 10:40 AM
noiserfan
LAMARDECUENTO
No sabes cuanto me alegra haber contribuido a otro lunes epifánico. El cuento de Papini es genial, es un ejemplo perfecto de por qué merece la pena esto que llamamos vida. Gracias por seguir ahí
YOCREOQUESI
Un placer dejarte un hueco en mi tejado, es más, te cedo mi lugar, justo entre el calorcito de la chimenea y la antena de televisión. Hospitalario que es uno ;) bienvenida
MAGATERRENAL
extraviar un libro es siempre una pena, es como cuando pierdes una mascota: ¿estará bien? ¿le estarán leyendo? ¿Servirá para equilibrar un piano de cola? Me alegro de que ayer sintieras que vivías un momento epifánico, bienvenida
Besos triplicados y os deseo un martes epifánico
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