Última hora de la tristeza
------------------------------------------------------------
No es que no tuviera trabajo. No era eso. Necesitaba escribir de lo que se agitaba en su pecho, justo por encima de la línea del hambre. No sabía bien qué era, pero necesitaba expulsar algo de pena disfrazada en letras, pegada en una pantalla, entregada al mundo. Rápido, eficaz... pero también inútil.
Faltaba una hora para salir del trabajo, ir a casa, encontrarse con la soledad de la ausencia, con el silencio del insomnio de la noche anterior, con el calor asfixiante que tienen los pisos en los que nunca hay corriente. Temía marchar a casa, temía verse sólo y quería decirlo. No podía contarlo en el trabajo, repleto de seres sumergidos en sus redacciones a última hora de la mañana, una de las que más duramente se rinde, según encuestas frías y repentinas. Datos que en realidad nadie cree, pero que sirven para llenar conversaciones, hojas de diarios y argumentos de jefes.
Pero él no creía que esa última hora fuera a serle provechosa, porque no podía pensar en trabajo urgente, lo urgente era expresar, escribir, vomitar algo, lo que fuese para calmar su tristeza, que esa mañana se le había enmarañado en el vientre y amenazaba con ocultarse ahí todo el día, quizá todo el mes, y sólo era día 17.
Él no creía que esa última hora fuera a ser provechosa, porque en ese instante nada podía serlo. El dinero que ganase en esa hora -un tiempo que, si no existiera, poco cambiaría el sentido de las cosas- no le importaba, la tarea acumulada para el día siguiente no era su preocupación, solo quería dar salida a esa sensación de amargo sabor de la que no se había podido desembarazar desde que el despertador me hirió en el sueño.




5 comentarios
preciosas palabras de verdad, es increíble como muchas veces no es suficiente escribir porque lo único posible es vomitar emociones. No podrías haberlo dicho mejor...ese personaje que quizás sea un alter ego de ti mismo es reflejo de la tristeza de los días cotidianos, de los lunes sórdidos que nos aplastan...Podría mandarle miles de flores en palabras dulces o una sonrisa de las que reflejan el mar abierto y furioso pero seguramente el gris no le abandonaría hasta un nuevo día de luces. Como decía Catulo en uno de los poemas de amor más increíbles que jamás se ha escrito...mi querido compañero de blog:
Vivamos, querida Lesbia
Vivamos, querida Lesbia, y amémonos,
y las habladurías de los viejos puritanos
nos importen todas un bledo.
Los soles pueden salir y ponerse;
nosotros, tan pronto acabe nuestra efímera vida,
tendremos que vivir una noche sin fin.
Dame mil besos, después cien,
luego otros mil, luego otros cien,
después hasta dos mil, después otra vez cien;
luego, cuando lleguemos a muchos miles,
perderemos la cuenta para ignorarla
y para que ningún malvado pueda dañarnos,
cuando se entere del total de nuestros besos
PD: es una traducción muy mala con más tiempo te copiaré una muchísimo mejor
24 sep 2007 | 06:30 PM
Completamente off topic per... felicidades por tu sobrino!!! Yo ya voy a por el segundo, si es que nos hacemos viejos....
25 sep 2007 | 10:52 AM
Me has hecho recordar un texto maravilloso de Cortázar: "Del cuento breve y sus alrededores". Describe esa sensación de desear dejarlo todo y correr a escribir -a vomitar como tu escribes- y desprendernos de ese "coágulo" -como él no describe- que creemos puede convertirse en un cuento...
Te copio un fragmento del texto (te lo recomiendo entero, pero no quiero abusar de tu hospitalidad ;-P)
“No sé de otros testimonios que puedan ayudar a comprender el proceso desencadenante y condicionante de un cuento breve digno de recuerdo; apelo entonces a mi propia situación de cuentista y veo a un hombre relativamente feliz y cotidiano, envuelto en las mismas pequeñeces y dentistas de todo habitante de una gran ciudad, que lee el periódico y se enamora y va al teatro y que de pronto, instantáneamente, en un viaje “en el metro”, en un café, en un sueño, en la oficina mientras revisa una traducción sospechosa acerca del analfabetismo en Tanzania, deja de ser él-y-su-circunstancia y sin razón alguna, sin preaviso, sin el aura de los epilépticos, sin la crispación que precede a las grandes jaquecas, sin nada que le dé tiempo a apretar los dientes y a respirar hondo, es un cuento, una masa informe sin palabras ni caras ni principio ni fin pero ya un cuento, algo que solamente puede ser un cuento y además en seguida, inmediatamente, Tanzania puede irse al demonio porque este hombre meterá una hoja de papel en la máquina y empezará a escribir aunque sus jefes y las Naciones Unidas en pleno le caigan por las orejas, aunque su mujer lo llame porque se está enfriando la sopa, aunque ocurran cosas tremendas en el mundo y haya que escuchar las informaciones radiales o bañarse o telefonear a los amigos."
25 sep 2007 | 06:20 PM
Querida Lamardecuento, el simple hecho de que insinúes que un texto mío te haga pensar en la "C" de Cortázar me parece el mayor de los halagos que puedo recibir. Conozco "Del cuento breve y alrededores", y cuando me acerqué a Julio no pude despegarme de él hasta consumir prácticamente todo lo que creó. "Rayuela" hasta ahora no ha encontrado un competidor entre mis lecturas. Haciendo mías las palabras del venezolano Carlos Yusti, "esta novela de Julio Cortázar es un reto humanístico y cultural sin igual".
¡Un beso enorme!
25 sep 2007 | 06:28 PM
Escribe un comentario