La Coctelera

SIN RAICES A LOS 30

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Intoxicación

El rostro del pequeño Samuel se había hinchado como una calabaza de las grandes, y se había puesto rojo como un pimiento de los rojos. Claudia se asustó al verle. No era para menos. Lo cogió en brazos y acercó el rostro del pequeño a sus ojos para inspeccionar de cerca las protuberancias que le habían brotado en los párpados y los labios. Eran enomes y desagradables. Supuraban. Lo alejó extendiendo los brazos para observar en proporción el tamaño de la cabeza respecto al cuerpo. El temor se convirtió en un pánico que se apoderó de ella robándole la respiración. Miró a la mesa donde el niño había estado jugando y dibujando. Buscaba culpables, pero no entendía. Mantenía al niño en brazos, y se movía por toda la sala como si estuviera bailando con él. Cada diez segundos emitía ruidos y susurros que trataban de calmar los llantos de Samuel. Qué has hecho, qué te has metido a la boca, le decía a gritos; mirándole como si fuera un monstruo. Las ceras Plastidecor estaban por todos sitios.Se fijó en la amarilla, inmóvil sobre el sofá, como si la cosa no fuera con ella. Inocentemente mordisqueada.

1 comentario

  1. mmmhh..yo no recuerdo haber comido plastidecores, pero supongo que alguno caeria...yo recuerdo tener una muñeca que no soltaba ni para que la lavaran y la iba arrastarndo y chupandole la manita de peluche....aghjhh,,,lo pienso y me entra de todo XDD

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