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La Carmenchu: –Oye, ¿y la Yoli? Buenos días.

La Mamen: –Que dice la Laura que se ha ido a no se qué de un programa de la tele… Veintiséis con quince…

La Carmenchu: –¿De público o qué? Doce con cuarenta y cinco.

La Mamen: –¿No tiene los quince, señora? Mejor, muchas gracias. Pues no lo sé, ni idea. Dile a la Conchi que esta mañana lo estaba comentando.

La Carmenchu: (a grito pelao) –Conchi, ¿es que ha ido la Yoli a la tele me ha dicho la Mamen?

La Conchi: (que pasa por allí) –Ya ves, sí que ha ido, al Cifras y Letras. Me ha escrito un mensaje que ha ganao, que lo pasan el programa esta tarde a las cuatro menos algo.

La Carmenchu: – Ah coño pero a concursar. Coño pues yo no lo puedo ver, questoy aquí atendiendo. Buenas…

La Mamen: – Yo sí que me da tiempo que salgo a las dos.

La Carmenchu: – Coño, pues grábalo que la veamos toas luego.

La Mamen: – ¿Sí no? Pues tú me dirás cómo lo grabo.

La Carmenchu: – Coño, pues con el video.

La Conchi: – Que ahora es el deuvedé, y eso ya no graba.

La Carmenchu: – Anda, ¿cómo no va a grabar eso? Trece con dos.

La Mamen: –Que no que no graba, bueno, es igual. Yo te lo cuento al detalle mañana, que es mejor que verlo en la tele.

La Conchi: –Nenas, que la Yoli es más lista de lo que os pensáis. Que haciendo los inventarios hacía las cuentas de cabeza más rápida que yo con la calculadora. Además que tiene su graduado social y todo. No me miréis así que es la verdad.


Esa mañana la Yoli fue a Telemadrid y llegó a las diez menos cuarto, media hora antes de lo acordado, porque la noche anterior casi no pegó ojo y a las siete estaba ya en pie. Y alucinó con los focos y con lo maja que fue la gente y le pusieron un cartel que ella diría que era fusia pero que según Gema, la decoradora del plató era magenta, y en él ponía su nombre entero Yolanda, y le gustó más que Yoli a pesar de que en el uniforme del super ella había elegido Yoli, aunque cabía Yolanda. Pero la Yolanda de Cifras y Letras no tenía nada que ver con la Yoli del Ahorra Más. Y ella se soltó al ratillo y le preguntó al presentador sobre las protestas de los trabajadores de la cadena, esas que tanto bombo tuvieron, y que si se habían acabado ya, pero el presentador, ese que no está ni gordo ni flaco, le pareció un soso de cuidado y se salió por la tangente. Y se puso muy nerviosa la Yoli cuando empezó el juego y le sudaron las manos y por vergüenza a que no se viera en la tele que guardaba la libreta, tuvo que hacer todas las cuentas de cabeza y de las cinco cuentas, clavó tres veces el número exacto. Y en las letras hizo tres palabras de siete (carrito, tarjeta y horario) una de ocho (androide) y dos de nueve que valen el doble: concursar e increíble. Así que al tal Evaristo, que era profesor de historia de un instituto de Salamanca, le dio un repaso tal que al final los marcadores quedaron 64 a 12. Y la Yoli no cabía en sí de gozo y además se había llevado seiscientos euros por algo que no le costaba nada de nada. La Mamen, la Susi y la Conchi se habían juntado a ver el programa pero hasta la tercer prueba no enteraron bien de lo que iba por que no se sabían las normas. Y cuando terminó llamaron a la Yoli para decirle que “ya se pagaría unas copas, que ole su chocho salao y que qué callao que se lo tenía”. Y la Yoli casi llora de emoción, y les dijo que al día siguiente volvía a concursar y que a la misma hora lo ponían en la tele.



Y a la mañana siguiente en el Ahorra Más no se hablaba de otra cosa, ni en los puertos de verdura de la plaza tampoco, y las que la conocían lo contaban a los cuatro vientos. Pero al mediodía la Conchi recibió un mensaje, y cuando leyó en la pantalla el nombre de “Yoli” le subió por el cuerpo un canguele de gusto que no podía explicar más que gritando a los cuatro vientos:

– ¡Mensaje de la Yoli!

Al instante todas las que no estaban en las cajas fueron de pasillo en pasillo avisando a las que estaban más al fondo y las de las cajas y las de la pescadería que no podían dejar al cliente a medias se mordían el labio derecho y sonreían y esperaban la buena noticia. Y la Carmenchu, que se lo había perdido y que le tocaba caja, estaba que lo tenía que soltar:

–¿Usted conoce a la Yoli? ¿No? Es que trabaja aquí y no tiene ni veinte años y ayer ganó en el cifras y letras.

–¿La chiquilla de mechas rubias y negras y los aros que salió ayer?

–Esa misma, señora, esa misma.

–Ole, pues sí que era lista.

–Listísima, hace el inventario de todas de cabeza.

Y la Conchi llegó hasta donde estaba la Carmenchu y le dijo que la Yoli decía en el mensaje que había perdido esa mañana. Y que por la tarde lo iban a ver y que iba a grabar el programa con la cámara de fotos de su hijo que también graba videos. Y las dos se quedaron tristes por un lado, pero por otro la mar de orgullosas, porque una de Aluche, de allí, de su curro, había ganado el Cifras y Letras, seiscientos euros en media hora. Y le compraron un ramo de flores y cuando llegó al turno de tarde se lo dieron y la Yoli invitó a unas cañas a la salida y les contó a todas que los focos la cegaban y se puso nerviosa, y que cuando uno se queda en blanco… se queda en blanco…