Es superior a mis fuerzas. Cuando leo noticias sobre pederastia todo mi civismo y mi tolerancia se desmoronan, y surge en su lugar un profundo odio, una incontrolable necesidad de hacer pagar a esos monstruos el daño que han causado a un menor y que, seguramente, les acompañará a lo largo de toda su vida.

El caso del repulsivo infecto ser que se hacía llamar Nanysex y los otros tres hijos de la gran puta, de lo más escandaloso que he llegado a imaginar. ¡39 años de cárcel! ¡Es una broma o qué! Se les juzga por delitos sexuales reconocidos. No puedo comprender cómo una persona joven y segurarmente que de trato agradable sino no se entiende que unos padres cedan a dejar a sus bebés en sus manos, sea capaz de tal barbaridad. Con esta gente tolerancia cero. Ojalá las denuncias de agresiones en la cárcel sean ciertas, y ojalá cada día sean más crueles, así hasta que no aguante más y se ahorque con una sábana.

A mí se me ocurren muchas maneras de hacer pagar a este repungnante monstruo sus delitos. Me cuesta imaginar cómo se puede llegar a abusar de bebés. Sinceramente, lo que yo haría con este hijo de puta, porque eso es lo que es, sería: hacer público su rostro, emitirlo en los teladiarios, ofrecerlo en los periódicos y después dejarlo libre, en la calle con la única condición de que las fuerzas del orden no puedan intervenir en las agresiones que le sean propiciadas por los ciudadanos.

A veces, al tratar este tema, mis amistades me miran asombradas cuando les digo que sería partidario de la pena de muerte para este tipo de dementes sin escrúpulos. Me dicen:
-Joder macho, yo pensaba que eras una persona civilizada.
-Y yo -respondo-. Te juro que yo también lo pensaba. Y me duele descubrir que sería capaz de alegrarme de la muerte de alguien.

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