3.1 Como  la catástrofe económica ha despojado a decenas de personas a la calle (seca a veces y húmeda otras)  esta mañana, conmovido, he repartido mi ingenio entre varios indigentes que podrían tener la edad de mi padre  
3.2. Mi sentido del humor  (últimamente de poco me sirve) lo he dejado dentro de una bolsa en la puerta de una iglesia, asomando un poco para que se viera que no era una bomba de gripe A.  
3.3. He entrado a una de esas nuevas casas de apuestas con fotografías de gentes sonrientes en la fachada y me he jugado mi ilusión a un caballo que había quedado último en todas las carreras de la temporada. Se ha roto la pata.
3.4.  He convertido mis piropos oxidados en volátiles acciones de bolsa.

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Ahora me toca empezar a ahorrar de nuevo esperanzas, día a día; conocer personas ricas de espíritu que regeneren mis arcas anímicas; invertir mi tiempo libre en lecturas valiosas y útiles; empeñar mis lágrimas en el mercado negro de las mañanas felices. Arduo trabajo. Dicen que la estabilidad llega hacia el 2011... Al menos conservo trabajo, amigos y techo.