La Coctelera

SIN RAICES A LOS 30

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La profundidad del aire

Metió la mano hasta el codo en una ráfaga justo antes de irse a la cama, como despidiéndose del día, y quién sabe si de todo ese mundo.

Nada nos garantiza despertar al día siguiente.

Lo primero que sacó se le quedó mirando, despeluchado y con ojos de movimiento caótico como los de un pájaro.

Volvió a probar: metió la mano hasta el hombro poniéndose de puntillas. La ráfaga de aire era un poco más fuerte, se había envalentonado con las campanadas de las 2 de la madrugada. 

La magia de los pueblos de piedra.

Lo que sacó esta vez era suave y blando como un corazón recién arrancado y lavado. Pensó, "todo este corazón es para mí...". Pero ya tenía el suyo, dos corazones era demasiado para alimentar.

Iba a probar por tercera vez pero el aire era ya tan potente que se cayó dentro de la ráfaga y ahora se cuela por las ventanas y los balcones en corrientes azarosas.


           

2 comentarios

  1. Sí que era profunda la ráfaga, eh!
    Me gustó.
    Saludosss.

  2. wow... la imagen le da un toque mu especial. Y me ha gustado mucho leer... cuanta ambicion y a la vez desden... xD Curiosidad.

    Saludos.

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