Tengo la capacidad, sea virtud o desgracia, de no dejarme nada en la casa anterior. Cuando digo nada quiero decir NADA. De modo que tampoco dejo mis recuerdos allí. Meto todas las risas en frascos, los gritos en cajas de zapatos, los gemidos propios en botes de colonia y los ajenos entre las páginas de un libro, las miradas por la ventana recién levantado las echo en los bolsillos del pijama que es donde mejor están y las noches de insomnio entre el algodón mullido de las almohadas para que no se rompan con algún golpe. Todo esto me lo llevo en un único viaje, sin mezclarlo con las cajas de cartón mundanas donde van las tazas y las velas y una cámara de fotos de las de carrete llena de aire contaminado. Las mudanzas son aventuras peligrosas.

Todo eso me lo llevo conmigo, de mi casa vieja a mi casa nueva. Como un trasplante.

 

Sans Titre 9  - Gérard Trignac (grabado)

 

Una vez que llego a mi nueva habitación, si barrunto que el anterior inquilino se ha dejado algo, le hago una limpieza en seco. Después coloco todos mis enseres tetricamente (de "Tetris", no de tétrico), los libros en el sitio de los libros, la música en la esquina del placer, aquí la mesa con su lámpara fundida y allí el menhir, junto a la fuente de agua termal. La cama, por supuesto, en lo más alto y con la cabeza mirando al norte. Después cojo todo lo demás y lo extiendo sobre el suelo. Entonces lo tapo con tierra, un par de palmos más o menos. Me descalzo y entierro los pies por encima de los tobillos. Paciente, a esperar hasta que mis raíces se decidan a salir. A extenderse.

Espero que me rieguen, que me echen abono, que suban las persianas y abran las ventanas para que entre luz y corra el aire... 

Ya me siento preparado para empezar de nuevo.

Sans Titre1  - Gérard Trignac (grabado)