Advierto que voy a cambiar de registro totalmente respecto a las entradas que venía publicando. Así que si buscáis una lectura profunda y poética id a por el libro de Rimas de Bécquer del instituto, que seguro que por ahí anda. Resulta que el otro día me recordaron una anécdota que no tiene desperdicio. Allá va:

Una amiga tuvo la -dudosamente- genial idea de celebrar su despedida de soltera durante las fiestas de mi pueblo. Las fiestas de mi pueblo son justa y exactamente lo contrario a la fiesta anual de Alcohólicos Anónimos. Creo que es suficiente esa concisa aclaración. El caso es que, durante esa despedida, sus amigas iban por ahí con consoladores en la cabeza -ya sabéis eso que últimamente parece haberse convertido en parte profunda de nuestra cultura- y otras armas de "disfrutación" masiva.

Como yo, mis amigos son unos cachondos, en el sentido de graciosos y payasos, no quiero decir que disfrutemos en la soledad con esos aparatejos. Ni mucho menos, conste. El caso es que uno de ellos, cuyo nombre mantendré en el anonimato pero al que llamaré... ummm... pongamos... JC, se hizo con un consolador tamaño XXL y comenzó a jugar con él como si fuera una espada láser. Su rival era otro de mis amigos, al que llamaremos... por ejemplo... Pak, quien iba vestido con el traje de hada madrina, del cual la soltera ya se había despojado. Pak intentaba defenderse de las viriles embestidas de JC varita mágica en mano. Ambos respondían a las expectativas etílicas de la fiesta en cuestión como es de esperar y a su alrededor el carcajeo era máximo. Vamos, todo dentro de lo normal.

 


Pasado un mes aproximadamente, JC vino a Madrid a visitarnos a Pak y a mí, que vivimos en la capital. El fin de semana fue memorable a pesar de que apenas recordamos nada de él. Lo típico: de cañas, de tapas, de cena, de copas, de aperitivo, de cañas, de cena, de copas, de cepas, de coñas, de tappers, de tanas, de... Lo que queráis imaginar. Total que llega el sábado por la noche y yo me quedo en mi casa, ya que vivo por el centro, mientras JC y Pak vuelven a... pongamos.... ummm... a Coslada, donde iban a pasar la noche. El caso es que JC tampoco es que fuera especialmente ebrio, pero Pak no conocía bien el camino de vuelta, porque de hecho en ese momento no conocía ni su propio nombre. He de añadir aquí que Pak no se caracteriza por ser precisamente un copiloto de primera, ya que su sentido general de la orientación sería similar al de un banquero de Wall Street abandonado en pleno Amazonas. De modo que se perdieron, se perdieron, comenzaron a salir de la ciudad, a encontrarse hogueras por doquier, y... ¿dónde estaban?

En las barranquillas. Vamos, el mejor sitio donde podían acabar, oiga. Para quien no lo sepa, las barranquillas es el lugar preferido de los reporteros de "Callejeros Traperos", "Yonkis por el mundo", "Mira qué drogradicto baila", "El último estupefaciente" y otros programas de moda de formato reality.

Y allá que van los dos, más perdíos que un gato en un garaje, a las cuatro de la mañana, cuando de pronto, ven una luz a lo lejos. Una pareja de la Guardia Civil, armados con metralletas y todo, que les indican que se paren.

JC: -Coño tú, los picoletos.
Pak: -Bueno, yo no llevo ná.
JC: -Ni yo, pero si me hacen soplar igual rompo el globo.
Pak: -Bueno...
JC: -¿Cómo que bueno cabrón, si me quitan el...
Guardia Civil: -Baje la ventanilla, por favor. ¿qué hace aquí?
JC: -Íbamos a Coslada y nos hemos perdido.
Guardia Civil: (a Pak): -¿Usted lleva drogas?

Pak responde meneando la cabeza de izquierda a derecha repetidas veces.

Guardia Civil: -Bájense del coche.

Obedientemente, y bastante tranquilos puesto que no presentaban aspecto de yonkis, se bajan del vehículo y se ponen contra la pared. Les registran y están limpios.

Guardia Civil: -Abra el maletero.

JC se va a la parte trasera del vehículo y pulsa el botón del mando a distancia. El maletero descubre lo siguiente, entre otras muchas cosas: dos balones de playa medio deshinchados (estábamos en pleno diciembre), media docena de botellas de alcohol con restos y vasicos de plástico, gorras y camisetas de publicidad, un tablero de parchís, un taladro, la caja de herramientas, un disfraz rosa chicle de hada madrina, una varita mágica y... sí, amigos, sí. ¡¡El consolador XXL destacando sobre el resto de las cosas como Messi en un partido contra el Recre!!

Guardia Civil: -Eso qué es.
JC: -Un consolador.
Guardia Civil: -(A Pak) Usted, no se ría. (A JC) ¿Lleva algo dentro?
JC: -¿Esto? Y yo que sé, ¿qué va a llevar?
Guardia Civil: -Ah, usted sabrá, está en su maletero.
JC: -Ya, pero a ver es que...
Guardia Civil: -No, no, no me cuente su vida. Ábralo.
JC: -¿Qué lo abra? Yo no sé si esto se abre...
Guardia Civil: -Que lo abra, le he dicho (A Pak) Y usted, deje ya de reírse.

Pak se pone la mano en la boca, pero no puede contener la risa, y se la contagia a JC, quien manipula torpemente el aparato con sus manos.

JC: -Oiga, si es que yo no sé si esto...

Y de pronto, en medio de la oscuridad, el consolador-espadaláser brilla con un color verde fluorescente cegador. JC y el Guardia Civil se miran a los ojos, como maravillados ante un acto milagroso,  y este último dice:

-Le he dicho que lo abra, no que lo encienda.
JC: -Ya, ya, a ver si ahora así con la luz esta...

Pulsado el botón, el elemento se abre por la mitad y JC se lo entrega al picolo con la misma devoción que una sexagenaria le hace su ofrenda floral a la Virgen de las Angustias.

JC: -Aquí tiene, mire si está vacío o no.

En ese momento, justo cuado el Guardia Civil, molesto por la situación (no sabemos muy bien el porqué, quizá esperaba que saliera del masturbador un genio maravilloso o algo) va hacia el coche para coger el alcoholímetro, a lo lejos haciendo eses y levantando más polvo que el octavo de caballería, se acerca una tartana conducida por dos personas. JC y Pak siguen de pie y el Guardia da el alto a los nuevos viajeros, ya sabeis, gente ociosa pero con un fin claro en la vida.

Guardia Civil: -¿Dónde vais?
Viajero ocioso 1: -Al circo Playmobil (verídico, según los presentes)
Guardia Civil: -¿Llevais droga?
Viajero ocioso 2: (Aún con la boca llena) -Nof lo hemof comido todo...

Viendo la situación, el Guardia Civil se gira y le dice a mis amigos:

-Anda coged vuestros juguetitos del capó y marcharos de aquí.

Pak: -Joer, ahora que se estaba poniendo la cosa interesante.
JC: -Anda, calla, que bastante suerte hemos tenido...