El año pasado tuve la suerte de ser finalista del premio Cosecha Eñe, y aunque me quedé a las puertas de obtenerlo, aquella fue una experiencia más que interesante, donde pude hacer nuevos contactos con otros escritores, vivir la emoción del redoble de tambor previo al nombre del ganador, invitar a mis amigos a que me acompañaran en el mítico Círculo de Bellas Artes y, sobre todo, recargar las energías y las ilusiones para seguir dando forma a las historias y personajes que nacen y crecen en mi cabeza.

Ahora he tenido la suerte de que mi relato 'El diestro' haya sido ganador del XXIII Premio Clarín de Cuento, que organiza la Asociación de Escritores y Artistas Españoles. Me hace especial ilusión el hecho de que este cuento, bastante experimental, con un aire cortazariano -o a ello aspira-, haya sido elegido por una institución fundada en 1871, que cuenta entre su jurado con prestigiosos profesionales que, como yo, cultivan el periodismo y la literatura. Además han sido presidentes de esta AEAE escritores tan ilustres como el Premio Nobel José Echegaray o Jacinto Benavente. El hecho de que sucesores de tales personajes -que adquieren en mi imaginario cualidades casi estrictamente literarias- hayan sido los que han decidido dar por ganador mi cuento me enorgullece y me invita a seguir trabajando.

Porque escribir cuentos, poesía, novela o cualquier otra disciplina, es un trabajo muy duro, que implica muchas horas de esfuerzo. La gente puede verlo como una práctica para salir de la rutina, por placer, un hobby que si lo dejas de lado un tiempo no pasa nada. Equivocados. Supone noches de insomnio, tiempo aislado en un cuarto o en medio de un prado creando realidades paralelas que quizá nadie leerá, que quizá queden solo para uno mismo. Leer, corregir, reescribir, tirar a la basura, sudar... Pero eso... ¡qué belleza oculta!

El trabajo del escritor es practicamente opaco hasta que no se le reconoce el esfuerzo, la creatividad, la capacidad de innovar con lo que escribe. Y cuando ves ese trabajo reconocido, la satisfacción es infinitamente inferior a la ilusión por seguir inventando historias y criaturas de la nada, soplarles en la espalda y hacerles echar a andar. Es jugar a ser dioses para que los demás hombres puedan evadirse por un periodo de tiempo de sus vidas humanamente normales.

'El diestro' es un cuento nada convencional, que comienza así:
"Cuando despertó, Izquierda aún permanecía quieta debajo de la almohada, haciéndose la dormida. Escaqueándose como siempre. Faltaban diez minutos para que el despertador sonara y el dueño aún roncaba. Cuando por fin el resto del cuerpo se incorporó con el primer timbrazo, Derecha fue la encargada de tirar con fuerza de la cinta de la persiana y de silenciar después el despertador con la palma. Fue el primer impacto doloroso del día".

Miles de gracias a todos los que seguís ahí, animándome, sonriéndome y dándome vuestra amistad, porque cuando estoy solo durante días buscando esa fuente de inspiraciones, es vuestro aliento el que me acompaña.